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La Bestia

Cualquiera que hubiera visto aquel día a Lucia pensaría que es una mujer hermosa pero que de algún modo sus ojos mostraban que había vivido demasiado. Frágil, ya que era una mujer pequeña y delgada; o quizás vulnerable por su forma de caminar siempre mirando al suelo. Pero lo que no sabían es que Lucia guardaba en su pequeño cuerpo una fuerza impresionante además de las ganas de vivir que solo podían lograr aquellos que han sufrido tanto que ya no tienen lagrimas, aquellas que el dolor físico no les aterra pues ya es algo común en sus vidas.

Si le preguntaran a Lucia diría que ya no puede sentir. Diría que tiene el alma rota pero, muy en el fondo, Lucia guardaba un secreto, algo que en los días mas duros la ayudaban a seguir adelante. Lucia tenia la absurda ilusión de que había algo mejor para ella y así pasaba el tiempo esperando que ese idea llegara.

Ese día, Lucia, se había retrasado un poco haciendo la compra y quizás por eso se la veía más nerviosa de lo normal. Cuando llego al lugar donde habitaba La Bestia, respiro un momento y abrió la puerta. Hoy no estaba de buen humor, la comida aun no estaba hecha pero Lucia tenia una idea para contentarla, le iba a preparar una comida especial. Nadie podría decir que no se esmero. Uso la vajilla buena, el olor era delicioso y la presentación muy cuidada. Pero eso no parecía suficiente, para La Bestia nunca era suficiente. Se lo comió todo y siguió mirándola con esa mirada que no podía ser humana, esos ojos que solo podían ser de un monstruo. Al rato La Bestia empezó a sentirse mal, vomitaba continuamente, intento golpear a Lucia pero ni siquiera tenia fuerzas para eso.

Finalmente, La Bestia se relajo y languideció hasta quedarse rígido, pero Lucia vio algo mas en los ojos de La Bestia. Ya no había odio y por fin pudo ver al hombre que una vez amo. Por temor a que La Bestia se enfureciese se puso a fregar los platos y a limpiar la cocina, así no tendría excusa para golpearla. Cuando se quedo satisfecha con su trabajo volvió al salón y allí estaba el cuerpo tirado en el suelo pero no se veía a La Bestia, solo a un hombre.

¡Por fin lo consiguió!. Lucia pon fin lo había derrotado. Cogió a aquel hombre, su hombre, y lo sentó en su sofá. Por fin Lucia empezó a creer que la idea de que merecía algo mejor no era tan solo una ilusión.

Theya

Boikot – Bajo el suelo


En una oscura habitación

En una oscura habitación, húmeda, solo había una pequeña ventana por donde se filtraba la luz de la luna y una gran puerta que no parecía tener pomo ni cerradura.

Allí se encontraba Elisa con la respiración agitada y algo desorientada. Estaba asustada pues apenas era capaz de recordar que había hecho ayer

¿Como llego a ese lugar? Su ropa estaba sucia parecía barro ¿quizás la arrastraron por un bosque? Desesperada intento mirar por la ventana pero estaba demasiado alta. Elisa daba vueltas y vueltas, el frío le calaba hasta los huesos, angustiada se tiro en el suelo y se puso a llorar lágrimas de ira de miedo de impotencia pues no sabia por que ni para que estaba allí y nadie respondía a sus preguntas al otro lado de la puerta así que finalmente desistió.

Pasaron semanas meses, incluso años quizás. Elisa ya perdió la noción de el tiempo y poco a poco termino por adaptarse a esa pequeña habitación comiendo las ratas que vivían en los huecos de la pared o insectos y pasando horas bebiendo agua por una grieta de humedad, lo único que Elisa podía mirar era La Luna por su pequeña ventana. Termino creyendo que podía hablar con ella incluso pedirle que la sacase de allí y llevarla con ella y se lo pedía todas las noches, imploraba ser viento y atravesar las ramas de los árboles, ser estrella y ver todo desde el firmamento o ser lechuza y tener la visión de la noche.

Elisa creyó firmemente que si se lo pedía cada noche la luna se lo concedería pero el tiempo paso y ella siguió en su pequeña y húmeda habitación Elisa pensó que quizás la luna quería que ella hiciese algún sacrificio para demostrarle su amor y después de mucho razonar dejo de comer “Ni un bocado” se dijo y durante meses así lo hizo. Ella solo miraba a su luna y le pedía una y otra vez su deseo. Parecía que la luna no se lo iba a conceder incuso algunos dirían que Elisa deliraba pero una noche cuando estaba casi desfallecida Elisa se reunió con la luna y fue viento y pudo hacer bailar a los árboles, fue estrella en el firmamento y vio la noche como una lechuza

Elisa fue feliz, quizás solo fue su ultimo suspiro, su mejor sueño quizás fue el regalo de la luna.

Theya.

Otro relato de la autora de “El hombre invisible” . Hay historias que no pueden tener otro aroma que el amargo de la tristeza y el dulce de las lagrimas de la ilusion.

El Hombre Invisible

Esta historia no es nuestra, pero su autora nos permitio publicarla. Nosotros añadimos la moraleja.

Siempre fui un tipo normal, quizás demasiado normal hasta que un buen día me pare en seco y me dí cuenta que tanta normalidad no tenia sentido y de pronto me sentí perdido, aterrado y perdí el control de mi mismo. La gente caminaba deprisa con un rumbo fijo sin apenas fijarse en lo que había a su alrededor, todos tendrían cosas en que pensar ya fuesen mas o menos importantes pero no eran capaces de parar y darse cuenta de que la normalidad en la que vivimos es completamente anormal.

Yo ahora lo veía claro pero al parecer que yo hubiese visto algo tan terrible no quería decir que los demás quisiesen escucharme pues ellos tenían otras cosas en que pensar mas o menos importantes pero no podían pararse porque al igual que yo se sentirían perdidos y desorientados. Lo mejor era evitarlos, esquivarlos y de tanto pensar que no es real finalmente terminar por desaparecer al menos de todo campo de visión.

Explote, no sabia que hacer y finalmente llore encogido en el suelo deseando despertar de esta pesadilla porque sin duda algo tan terrible no podía ser real. Cuando me fui calmando me dí cuenta de que nadie reparaba en mi, si me interponía en el camino de alguien ni me miraban, algunos me saltaron otros me rodearon pero ninguno sintió curiosidad por saber la razón de que un hombre adulto estuviese en el suelo llorando como un bebe ni siquiera preguntar si me encuentro bien pues en mi llanto se podían ver muchas cosas.

Me levante a duras penas pues me sentía algo mareado, a lo lejos vi un hombre que me inspiro confianza y me dirigí hacia el. Alguien tenia que escucharme tenían que ayudarme pero en cuanto me abalance hacia el hombre en cuestión y le pedí, no le rogué que me escuchara antes de que me volviese loco me fije en que me miraba sin mirarme miraba atraves de mi como si hubiese sido un fantasma y no una persona lo que le había detenido. Me dí cuenta de que era invisible.

Theya.

Hemos sido unos borreguitos tan bien enseñados, que cuando algo nos molesta en lugar de enfrentarlo miramos hacia otro lado convirtiendo nuestra molestia en algo invisible y sin existencia.

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