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Ojalá fuera diferente

Su piel era cálida, suave, su olor era increíble. Siempre se había maravillado ante ese aspecto de las mujeres, los seres mas poderosos de la divinidad se cubrían con una envoltura tan delicada y deliciosa. Recorría su piel con los dedos lentamente, milímetro a milímetro, como si quisiera conocer cada átomo de su ser o buscase un hueco por donde adentrarse dentro ella y desvelar los secretos que guardaba. Llego a su ingle y ella abrió solo un poco sus piernas al mismo tiempo que emitía un suspiro. Raúl no pudo evitar sonreír. Continuar leyendo


La caceria

Cada noche, más pronto o más tarde, vuelvo otra vez al mismo sueño. Estoy en algún lugar oscuro, no puedo decir exactamente donde, solo que es un lugar muy extenso. A lo lejos oigo un aullido, es la señal. La caza ha comenzado. Oigo que algo se acerca a la carrera, no se lo que es pero por los bufidos que suenan al respirar y el sonido al golpear el suelo es algo enorme. A unos metros de mi lo veo, una figura gigantesca, humana pero de algún modo bestial, dos ojos rojos que me miran y una sonrisa con los dientes apretados que me dice “Házmelo divertido, corre.” Me quedo petrificada, no puedo pensar, no se que hacer; pero el rugido de la bestia-hombre hace que mi cuerpo tome la iniciativa. Corro.

De repente estoy en un bosque, esta todo oscuro pero la luna llena me deja ver los árboles que dejo atrás en mi carrera. No se como he llegado aquí y tampoco me paro a averiguarlo por que siento que esta muy cerca. A veces le noto lejos, otras mas cerca echando su aliento en mi espalda pero no me ataca. Parece que no quiere cojerme, parece que todo esto solo es un juego para el. Sigo corriendo, el estruendo de sus pisadas y de su respiración inundan toda la noche, le siento muy cerca, de repente solo hay silencio, ya no hay sonidos de persecución, miro por encima del hombro y no esta. Le busco en las sombras a mí alrededor. Cuando miro al frente, no me da tiempo de esquivar algo que hay en medio y choco contra lo que sea, cayendo de espaldas.

Miro hacia lo que he chocado y lo veo parado, enorme y majestuoso, el gran cazador. Huyo arrastrándome por el suelo pero se abalanza sobre mi, me arranca la ropa dejándome completamente desnuda y a su merced. Me huele, me olfatea lentamente disfrutando del olor de mi miedo. Las garras que me sujetan empiezan a cambiar de forma y tamaño haciéndose más pequeñas, su forma cambia convirtiéndose en un hombre, el peso que me aplasta es menor y hunde su nariz en mi cuello disfrutando de mi olor. “Eres mía” me dice. Algo dentro de mi lo entiende, sabe que es cierto, es el gran cazador y yo soy su presa, me ha capturado, “Soy tuya” le digo, levantando la cabeza y ofreciéndole mi garganta.

Besa mi cuello, me lame, me muerde y noto su miembro duro rozarse contra mi sexo. Sus manos recorren mi cuerpo, yo me abrazo a él totalmente entregada, le beso con total sumisión. De un solo golpe me penetra y, a pesar del dolor, le dejo hacer por que soy su premio y puede hacer lo que quiera conmigo. Tras un momento de dolor el placer comienza a invadirme y poco a poco el ritmo de nuestros movimientos se acompasa de una forma instintiva, volviéndonos un solo ser. En el momento del clímax nuestros cuerpos se tensan por el orgasmo y ruge como una gran bestia llenándome de su esencia.

Miramos la luna llena, desnudos y tumbados uno junto al otro. Nos miramos totalmente complacidos pero sin sonreírnos, por que los lobos no sonríen. Aullamos al astro agradeciendo, el la cacería y yo el permitirme ser una de ellos. Juntos nos escabullimos entre las sombras, juntos y sin mirarnos por que no lo necesitamos, por que somos solo uno. Como una nueva manada.


Trabajando hasta tarde

-Suave -murmuró Damon, deslizando dos dedos bajo la goma que cerraba mis bragas y jugando sobre mi vulva. Acarició la piel desnuda y luego metió los dedos profundamente en mi coño, entre mis ya mojados labios. Cuando por fun suspiré, tumbándome de espaldas en la mesa de mi despacho y agarrándome a los bordes con ambas manos para no caer, se arrodilló en el suelo, deslizó mis bragas con algo de rudeza a un lado e introdujo su lengua entre mis labios menores.

Su lengua era ruda, como la de un animal, y sólo el contacto de ella contra mi vulva me llevó cerca del climax. Si frotaba su lengua arriba y abajo sobre mi clítoris de esa manera unas pocas veces más, me llevaría al colapso, y mi cuerpo se estremecería espasmo tras espasmo. Cerré los ojos e intenté contenerme. No quería correrme demasiado pronto, pero me estaba volviendo loca.

-Eres jodidamente suave.

Sus palabras se amortiguaban en mi coño pero podía oír lo que decía y hubiera comprendido el sifnificado incluso si no las hubiera podido entender. Algunos lenguajes no necesitan traducción. Eso era también obviamente cierto en lo referente a él. Comprendía los lenguajes sin palabras de mi cuerpo. Y justo cuando quería que lo hiciera, movió su lengua arriba y abajo, arriba y abajo, chupando mi clítoris y a los lados, encontrando las zonas sensibles que producian un suave contacto. Abrí las piernas tanto como pude sobre la mesa y me la sujeté con los manos para mantenerlas abiertas en forma de V. Descubrí que no tenía vergüenza. Quería que él siguiera trabajando en mi cuerpo y necesitaba darle elmáximo acceso posible. No importaba si parecía una perra hambrienta, desesperada y anhelante.

Damon se echó hacia atrás para admirarme y luego se acercó otra vez, abriendo la boca para rodear mi clítoris, con los labios alrededor de éste como si me estuviera besando. De forma instintiva, él sabía cómo tocarme, apretando y mordisqueando ese punto tan tierno, rodeándolo con los labios y chupándolo como un bebé el pecho de su madre. Trataba mi joya latiente como si fuera algo precioso, algo que se podía romper, utilizando su lengua para liberar al clítoris del labio que lo cubría. Entonces cambió de técnica y trabajó mñas deprisa, cerrando los labios, su fuerte respiración era un instrumento de placer, poniéndose caliente y duro contra mí. En segundos me había hecho gemir fuerte y arquear el cuerpo, soltarme las piernas y rodearlo con ellas murmurando sunombre, olvidando totalmente dónde estábamos (en mi oficina). En horas de trabajo.

-Shhh -me riñó-. No querrás que la gente nos oiga, ¿verdad?

Negué con la cabeza pero en realidad no me importaba quién escuchara. Quería perderme, gritar, hacer el tipo de ruidos que decían que hacía la gente, los que había oído en las peliculas porno.

-Shhh -dijo de nuevo, como si se diera cuenta de lo que estaba pensando, y yo me mordí el labio inferior intentando controlar mis emociones pero incapaz de hacerlo. La inteligente lengua de Damon me estaba volviendo loca y me encontré a mí misma deseando demasiadas cosas a la vez. Quería que su lengua hiciera exctamente lo que estaba haciendo: esos perezosos círculos alrededor de mi clítoris, alrededor y alrededor, antes de que sus labios se cerraran de nuevo y succionaran. También quría tumbarme en la mesa, apartar todos mis papeles y tener su cuerpo encima del mío. Trasladar nuestros cuerpos a la postura del sesenta y nueva me permitiría darle placer mientras yo recibía el mío a través de su boca.

Después de eso, yo quería más incluso. Me imginé apoyándome boca abajo en la mesa dejando que me cogiera por detrás, viendo a la vez nuestros reflejos en el marco de encima de mi mesa, la imagen fantasmal de Damon con su pelo oscuro suelto hasta los hombros, de pie detrás de mí, taladrándome. Abrí un poco la boca, mis ojos se medio cerraron, consumida por la fuerza de su polla dentro de mí. Debíamos parecer indecentes, descontrolados e indomables. Fuera de control pero siguiendo un ritmo. Piel con piel; sus manos hurgando dentro de mí, mi cuerpo deslizándose con el suyo, soportando sus embestidas.

Entonces sonó el teléfono, y la fantasía acabó abruptamente. ¿Qué me imaginaba estar haciendo? Tenía la mano atrapada dentro de mis bragas, los dedos deslizándose arriba y debajo de mi clítoris hinchado acariciándolo como si fuera un talismán, frotándolo como si me fuera a traer buena suerte. El teléfono sonó de nuevo y miré el reloj con culpabilidad antes de usar mi mano libre para alcanzar el auricular. Eran las 17:15. ¿Cuanto tiempo había estado jugando conmigo misma en mi mesa?

-Soy Damon -dijo mi guapo novio-. Estoy abajo en el vestíbulo. ¿Puedo subir? ¿Estas lista?
-Sí -murmuré pensando. Deprisa. Muy deprisa-. Sube -le dije quitandome las bragas mientras hablaba-. Tengo una sorpresa para ti…

por Alison Tyler

Relato sacado del libro “El arte del Sexo Oral Vol. 2 Cunnilingus” Escrito por Violet Blue.

Bukkake

“Bukkake es un género pornográfico y una práctica de sexo en grupo, donde una serie de hombres toman turnos para eyacular sobre una persona arrodillada, ya sea mujer u hombre. La práctica tiene fuertes connotaciones de humillación sexual.”

Cualquier persona que la viera y oyera su voz pensaría que es una chica dulce, retraída, tímida; tampoco se equivocarían mucho aunque también es cierto que las apariencias engañan.

Ana a pesar de su aspecto siempre guardo en su interior una gran seguridad, unas ansias de comerse la vida a cada paso y una inquietud enorme por vivir todo lo que la vida la depare, y a sus 23 años y su aspecto angelical podría enseñar a muchos solo contando sus experiencias.

En su vida normal trabajaba en una empresa de marketing, de momento solo era una becaria pero demostraba día a día su buen hacer y tenia el aprecio de sus jefes. Entre sus amistades era muy querida aunque había pocos que la conocieran muy bien pues no se daba a conocer mucho. Y entre los amantes que había tenido en su corta vida (tanto hombres como mujeres) solo decían maravillas de ella. Pero aun así ella no se sentía satisfecha del todo.

Sus experiencias sexuales habían sido placenteras y aunque no tenia quejas de ninguno de sus amantes tenia la sensación de que faltaba algo siempre. Suponía que su aspecto les daba la sensación de que era delicada y frágil, como si se les fuera a romper en las manos; pero ella quería (se podría decir mas correctamente ansiaba) ser utilizada, que se olvidaran de que era una persona, solo quería ser un objeto en manos de otros, un objeto con el cual otros satisfacieran sus necesidades. No sabia de donde venia ese sentimiento, tampoco se lo preguntaba pero lo que si sabia es que la necesidad de sentirse así empezaba a calar incluso en sus sueños.

Aunque como todo ser humano tenia sus fantasías y muchas de ellas ya las había cumplido otras muchas tenia miedo de llevarlas a la realidad, pero había una de ellas que estaba dispuesta a llevar a acabo fuera como fuera. La saco de un libro que hablaba sobre las experiencias sexuales de una chica aun mas joven que ella. La parte que cautivo a Ana contaba que la protagonista se hallaba con los ojos vendados, arrodillada entre varios hombres desnudos los cuales utilizaban su boca y sus manos para satisfacerse. Ana no dejo de imaginarse mientras leía esa escena en que la protagonista era ella y que varias manos la tocaban sin ella poder ver quienes eran pero tampoco le importaba. Imaginaba que los desconocidos usaban su boca por turnos para follarla y terminar llenándola de esperma. Se sintió extasiada y consiguió un orgasmo sin llegar a tocarse. En ese mismo momento de éxtasis decidió que debía cumplir esa fantasía
pues era exactamente eso lo que ella andaba buscando.

Antes de hacer nada fue a hablar con su amigo Alberto con el que tenia una especial conexión. El, 4 años mayor que ella, había sido un antiguo amante suyo y aun mantenían una estrecha relación pues después de conocerse descubrieron que eran muy parecidos en su forma de pensar y de vivir. Cuando Ana descubrió que era lo que quería no dudo en hablar con el pues sabría que si en este mundo habría alguien que la entendería seria el sin duda, así que cogió el teléfono y quedaron en verse esa misma tarde.

Se vieron en una cervecería cercana a la plaza mayor y pidieron un par de cervezas.
-Bueno, cuéntame que es eso tan importante que tenias que contarme.
-Recuerdas que te he dicho muchas veces que siempre me falto algo en el sexo pero que no terminaba de saber que era.
-Si claro. Cuando me dijiste que también te paso conmigo me chafaste.- Dijo Alberto poniendo
cara triste.
-¡¡Que tonto que eres!!- Dijo ella mofándose.- El caso es que hace tiempo descubrí que necesitaba sentirme un objeto en manos de otros.
-¡¡JODER PUES YA ME LO PODRÍAS HABER DICHO!!.- Alberto empezó a reírse.
-Pero si es que ni yo mismo sabia que es lo que pasaba. Bueno, a lo que iva, el otro día leyendo un libro leí una cosa que me hizo volverme loca.

Ana empezó a relatarle la escena del libro y como ella se imaginaba la protagonista del libro siendo manoseada y utilizada por varios hombres, después le confeso sus intenciones de llevar a cabo su fantasía. Con cara muy seria y tono aun mas serio Alberto la contesto:

-Niña, ¿estas segura de lo que me estas diciendo? Y si das con algún loco y te pasa algo.
-Pensé que tu lo entenderías. – Y empezó a pensar que se había equivocado en contárselo.
-A ver, si entenderte te entiendo. Sabes que yo siempre he sido el primero en llevar acabo mis fantasías siempre que he tenido oportunidad pero tengo miedo de que te puedan hacer daño.
-¿Y si tu estuvieras allí?
-¿Como?
-No me refiero participando, le tengo mucho aprecio a Nuria y jamas te toleraría que la pusieras los cuernos y a mi jamas se me ocurriría intentar nada contigo.
-Entonces, ¿a que te refieres?.
-Me refiero a que estés cerca por si me pasa algo que vengas a mi rescate.
-¿Me pongo la blanca armadura o no hace falta?- Le respondió Alberto con tono sarcástico.
-Mira, si no quieres ayudarme me parece bien pero no es necesario que te pongas borde conmigo.
-Vale, lo siento. Pero entiende que me sorprenda. Si Nuria se enterara me capa.
-No tiene por que enterarse además tu no vas a tocarme, solo vas a estar allí por si me pasa
algo.
-No lo se, déjame que lo piense.

Y continuaron la tarde hablando de cosas triviales, sus vidas, sus trabajos; hasta que llego la hora de marchar y Alberto prometió llamarla al día siguiente para darle una respuesta.

Cuando Alberto la llamo y le dijo que la ayudaría, Ana no pudo aguantar su felicidad y se puso a saltar como una loca, quedaron al día siguiente para hablarlo y ella se paso el resto del día rebosante de alegría, mas de uno de sus compañeros de trabajo le pregunto si es que se había echado novio y ella no era capaz de responder mas que con un “…algo parecido.”

Alberto dijo que aceptaba bajo unas condiciones. Primero que el escogiera a los candidatos, obviamente contando con los gustos de ella, obviamente. Segundo que el conseguiría el lugar y no irían a casa de ninguno de los desconocidos; y tercero que si en algún momento veía algo que no le gustaba o pensaba que algo no iba bien cortaría la fiesta y ella no diría nada.

Ana estuvo deacuerdo pues sabia que todo eso era para su propia seguridad y ese mismo día puso el siguiente mensaje en un foro para buscar a los candidatos: “Chica de 23 años, buen cuerpo y muy sumisa busca hombres para hacer Bukkake. No cobro, ni quiero regalos, solamente quiero que me utilicéis. Mandad foto y os responderé.” Adjunto una foto suya desnuda y espero la respuesta.

Al día siguiente tenia 40 respuestas y Alberto, que también tenia acceso a la cuenta del foro, desecho a la mayoría pues muchos de ellos solo ponían fotos de sus pollas. Se quedaron con cuatro, les escribieron para decirles que eran los afortunados, quedaron con ellos en que seria en un par de de días y les mandaron la dirección de la casa de un amigo de Alberto que se la había prestado

El día de la cita Ana estaba de los nervios, por la mañana pensó en llamar a los chicos para decirles que lo cancelaba pero se lo pensó dos veces y se tranquilizo pensando que Alberto estaría allí para cuidarla. Un par de horas antes Alberto y Ana fueron a la casa para que ella se pudiera duchar, cambiarse y tomarse algo con tranquilidad. Después de la ducha fue a donde estaba Alberto con la ropa que tenia intención de llevar, unas botas altas y un tanguita negro, nada mas. Alberto se empezó a poner nervioso y le pidió que se pusiera algo así que se puso un albornoz que encontró.

Cuando llego la hora Ana se metió en el baño y los 4 candidatos empezaron a llegar y se vieron un poco sorprendidos al ser un hombre quien les abriera la puerta pero Alberto les explico, tras reírse a carcajadas, que no era el a quien ivan a bañar y que la chica estaba escondida hasta que empezara todo. Después les explico unas condiciones: “Ella no quiere conoceros, así que en ningún momento la quitareis la venda de los ojos. Podréis masturbarla pero nada de follar. Yo voy a estar aquí todo el tiempo así que si se queja, grita o la hace alguno algo que la moleste os vais a la puta calle, ¿vale?” Todos estuvieron deacuerdo, les llevo hasta la habitación donde iba a suceder todo y les dijo que se fueran desnudando. Inmediatamente después fue a buscar a Ana.

– Niña, ¿estas segura de esto? Aun estas a tiempo de echarte a atrás.
– Estoy muy segura y además tu estarás cerca por si pasa cualquier cosa.

Le dio un abrazo y le dio las gracias. Alberto correspondió el abrazo y la llevo hasta la puerta de la habitación.

– Es la hora del espectáculo. – Le dijo a Ana y la vendo los ojos.

Entraron los dos a la habitación, Alberto miro a los tipos que estaban hablando entre ellos y les dijo con un gesto que se callasen, la puso entre medias de ellos, la quito el albornoz y se marcho. Ana empezó a sentirse inquieta por que no veía nada y solo oía 4 respiraciones desconocidas pero no pasaba nada ¿quizá no les gustaba o se estaban arrepintiendo? Pero enseguida una mano atrevida empezó a tocarle el culo e inmediatamente el resto le siguieron.

Apartir de ahí todo fue rápido y algo confuso para ella, sentía un placer ignoto, ningún pensamiento pasaba por su cabeza excepto de seguir los movimientos que los hombres la indicasen pues ella solo
era un objeto. Sentía que varias manos se centraban en tocar y estrujar sus pechos mientras que otras algo mas torpes intentaban apartar su tanga por lo que ella ayudo quitándoselo. Las manos empezaron a recorrer el resto de su cuerpo y ella con las suyas tocaba los cuerpos de sus dueños. Notaba cuerpos
de todos los tipos pero se sorprendió al tocar las pollas pues eran todas de buenos tamaños y muy duras. La empezaron a empujar con la cabeza hacia abajo para que se arrodillase y entonces fue cuando estuvo a su merced. Una tras otras las pollas pasaban por su boca, unas veces por voluntad de ella y otras por que le cogían de la cabeza y la follaban como si fuera su coño. Con las manos no paraba de masturbar a los que tenia cerca por lo que ella no podía tocarse y estaba a reventar.

En cuanto empezó a notar por los gemidos que estaban a punto de correrse ella se tiro en el suelo y les pidió que se corrieran encima de ella mientras se masturbaba. Fueron los segundos mas gloriosos y placenteros de su vida, mientras la llenaban de esperma ella se corría y un montón de sentimientos empezaron a correr por su cabeza. Se sentía sucia, usada y humillada, pero al mismo tiempo se sentía totalmente satisfecha, por fin sentía el placer que llevaba tanto tiempo buscando y no pudo reprimir un gemido de verdadero placer.

Uno a uno los invitados se fueron marchando y la dejaron tirada en el suelo sin decirla nada. Ella estaba en una nube, con una sonrisa que decía toda la felicidad que sentía Ana y se quedo dormida. A los pocos minutos Alberto entro y la despertó para que se duchase y se marchasen.

Mientras Ana se duchaba, empezó a recordar esos sentimientos humillación/alegría que la habían llevado al mayor de los placeres y sin poder contenerse se volvió a masturbar con la sensación de sentirse al fin completa.


Los ojos

Hay momentos en la vida en los que te sorprendes a ti mismo con las cosas que haces. Son momentos que parece como si algo dentro de ti se despertara, como si fuera otra persona que es distinta a ti y te descubriera una parte nueva de ti.

Cuando vuelvo del trabajo siempre veo a la misma gente en el metro, los obreros contándose sus cosas riendo escandaloosamente, otras personas que vuelven de las oficinas, estudiantes. Llega un momento en el que ya reconoces sus caras y entre todas esas caras que ya reconozco de forma familiar siempre hay unos ojos mirándome, aunque mejor sera empezar todo desde el principio.

Como todos los días yo volvía en el metro de regreso a casa, leyendo un libro que me presto una amiga y de repente note como si me observaran, no sabia de donde venia esa mirada pero no dejaba de sentir unos ojos clavados en mi. Busque ansiosa por todo el vagón y los encontré, eran unos ojos marrones tras unas gafas que me miraban desnudandome pero no conseguía ver a quien pertenecían. Yo miraba hacia otro lado o intentaba centrarme en la lectura pero no podía, sentía esa mirada haciéndome sentir sucia. Durante todo el viaje me sentí incomoda hasta que llegue a mi parada y me baje corriendo.

Esto se repetía día tras día hasta que un día volviendo a casa le heche valor y me le quede mirando fijamente pero el seguía mirándome igual como invitándome a algo. Pensé en enfrentarme a el pero cuando iva hacia donde estaba, el tren paro y se empezó a bajar la gente, le perdí de vista y ya no pude encontrarle, me sentí frustrada. Salí del metro pensando en esos ojos y decidida a enfrentarme a el en la próxima ocasión. Ciertamente la frustración duro poco pues ese mismo día iva a recoger mi cámara nueva, llegue a casa muy contenta y no pare en toda la tarde de estar grabando a mi familia y todo aquello que me pasaba.

Esa noche tuve un sueño muy extraño, estaba desnuda en una habitación totalmente oscura y solo veía ojos que me miraban, ojos marrones tras unas gafas que me miraban con lujuria. Al principio mi sentimiento fue de miedo, me acurrucaba en el suelo intentando esconderme pero poco a el miedo se fue tornando a una sensación de calor y excitación, empezaba a tocarme, miraba esos ojos con la misma lujuria que me miraban invitándoles a disfrutar de mi, de mi desnudez y mi intimidad.Me desperté sofocada, me costaba respirar y lo que termino por dejarme en estado de shock fue comprobar que mi sexo estaba húmedo y yo me sentía realmente excitada. Me fui al baño a refrescarme la cara intentando calmarme pues me sentía fatal, no entendía como podía haberme sentido así. Cuando conseguí calmarme me volví a acostar y el sueño esa noche no se repitió.

Pero pasaban los días y las miradas en el tren ya no me molestaban tanto, de hecho empezaba a buscarlas, necesitaba esos ojos mirándome y desnudándome. Los sueños cada vez eran mas vividos, ya no me sentía asustada de hecho a esos miles de ojos que me miraban intentaba enseñarles todo mi cuerpo, tenia orgasmos en sueños como no los he tenido en mi vida. Hasta que una noche hice los sueños realidad.

Me desperté como otras tantas noches totalmente excitada y lo primero que vi fue mi cámara de vídeo. Sin pensarlo dos veces la puse sobre mi escritorio y la enfoque hacia mi cama, encendí la lampara que hay sobre mi mesilla y comencé a grabar. Me imaginaba que la cámara eran esos ojos escrutadores así que poco a poco me empecé a quitar la ropa con la que dormía, primero la camiseta y luego los pantalones. En todo momento miraba la cámara con una mirada totalmente lasciva imaginándome que al otro lado estaba mi eterno Voyeur. Me quede desnuda y empecé a acariciar mi cuerpo, muy poco a poco, quería que mi observador disfrutara tanto como yo lo estaba haciendo acariciando mi piel. Estrujaba mis pechos y pellizque mis pezones mientras miraba a la cámara y mordía mi labio intentando aguantar los gemidos que se escapaban de mi boca. Seguí poco a poco hacia mi ombligo, mis piernas, mi culo; ponía las mejores posturas que hicieran que el ojo de la cámara captara toda mi desnudez. Llegue a mi sexo, pero antes me pare y volví a mirar a la cámara imaginando unos ojos que me daban el visto bueno para que siguiera y, aunque sorprendida de lo que estaba haciendo, no lo dude.

Poco a poco, empecé a acariciar mi sexo que a estas alturas ya estaba empapado, lo hacia muy despacio, empezando por mi clítoris, despues lentamente acariciando y reconociendo cada parte de mi vulva, tuve que coger mi camiseta y morderla para amortiguar los gemidos. Cuando ya llevaba un rato así empecé a introducir dedos en mi sexo y el ritmo de mi masturbación fue cada vez mas rápido. Cerré los ojos y solo podía ver unos ojos mirándome, me sentía observada y eso me excitaba, quería que mi observador se sintiera tan excitado como yo, quería ser su espectáculo privado y que compartiera conmigo la intimidad de mi orgasmo. Fue aumentando la velocidad de mis dedos hasta un limite que ya no pude soportarlo y estalle como una loca. Sentía un placer enorme, todo mi cuerpo se estiro y se contrajo por el placer que me recorría, fue el orgasmo mas brutal que he tenido en mi vida.

Al día siguiente mi madre me pregunto si había tenido pesadillas por que me había oído gritar y yo tuve que aguantarme la risa. La explique que había tenido una mala noche pero que no se preocupara. Cuando llegue al metro y monte en el tren volví a sentir esos ojos que me miraban, pero esta vez los mire invitándole a que no dejara de hacerlo y a que disfrutara del espectáculo.


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