Archivo de la categoría: Terror

La Búsqueda de el Mal

Si alguien viera la habitación en la que entraba Carlos pensaría que estaba dispuesto a hacer algún tipo de ritual satánico. Y en cierto modo tendría razón. Su intención no era invocar a un demonio o algún tipo de espíritu, él no creia en esas cosas. Eso solo era para gentes de mente mediocre y poca cultura. En lo que creía realmente era en las ideas e intentaba plasmar en su próximo relato la representación suprema de el Mal.

Los viejos monstruos y psicópatas no le bastaban, ya lo había intentado. A su forma de ver solo representaban pequeñas facetas de ese concepto y su objetivo era juntarlas todas. Como el loco que busca La Verdad, sin darse cuenta que verdades hay muchas. Pero Carlos se vanagloriaba tanto de su imaginación que se creía capaz de plasmar cualquier idea. Así que ahí estaba, en la habitación que él mismo había preparado para inspirarse. Luz de velas, música triste y opresiva; todas las persianas bajadas y las ventanas cerradas. Ni aire fresco ni luz podría entrar allí. Se sentó frente al cuaderno y comenzó a escribir.

El arranque fue sencillo. Siempre se dejaba llevar por lo que escribía de forma automática y a partir de ahí ya comenzaba a trabajar; pero según avanzaba el relato se fue complicando la cosa. ¿Cómo sería la representación suprema del mal?¿Sería humana o debería ser algo extraterrenal o quizás sin forma? Ya comenzaba el bloqueo. Arranco la hoja en la que había escrito y empezó de nuevo.¿Cómo algo tan simple como una descripción le podía resultar tan difícil? Volvió al mismo punto y dispuesto a terminar decidió no describirlo y ponerle en acción, hasta que dio con otro escollo. ¿Por qué hacía lo que hacía?¿Por disfrute personal? No le parecía lógico ¿cómo iba a disfrutar el Mal? No cabría un sentimiento bueno dentro de la máxima expresión del mal. Arranco la hoja y volvió a comenzar. Y así una vez, y otra, y otra. Hasta que el cuaderno se quedó a la mitad de su tamaño. Su letra comenzaba a mostrar su frustración, cada vez escribía más rápido y apretaba más el lápiz; pero nada que le hiciera sentir agusto salía de su mente.

El humo de las velas comenzaba a hacer la atmósfera de la habitación casi irrespirable y le hacía llorar los ojos. También le dolían los dedos de apretar el lápiz con rabia y la espalda le estaba matando. No sabía el tiempo que llevaba ahí dentro pero no podía seguir, así que decidió que era mejor dejarlo y abrir la puerta. Cuando entró algo mas de luz vio que el suelo estaba lleno de hojas arrugadas y la cera de las velas se había ido escurriendo por la mesa pero se sentía demasiado cansado y deprimido como para recogerlo todo, asi que apago las velas y cerró la puerta para olvidarse, al menos hasta el día siguiente, del desastre y de la frustración. Y una vez cerrada la puerta parece que funcionó. Como si hubiera cerrado una puerta en su mente a algo que no le gustaba, a algo que había en esa habitación y solo le hacía sufrir; poco a poco fue recuperando su autoconfianza y se convenció así mismo que en el próximo intento no fallaría.

En la oscuridad de la habitación algo se movió, cogió una de las hojas de papel y sin ojos leyó lo que había escrito. No le satisfacía el trabajo del escritor así que destrozó la hoja en miles de pedazos en un gesto de rabia. ¿Por qué andaba tras de él/ella/ello? Como si una sola mente humana pudiera describir lo que era. Sentía rabia hacia el escritor por su estupidez, y tristeza por lo que tendría que hacerle. ¿Quería saber lo que realmente era él/ella/ello? Se lo demostraría. Rondaría en su mente por siempre como una sombra, como algo que ves por rabillo del ojo pero no alcanzas a ver. Le dejaría acercarse y cuando se ilusionara desaparecería. Le haría llorar y le destrozaría por dentro por su debilidad y lloraría también, no por que empatizara con su sufrimiento, si no por que no quería hacerlo, pero ese estúpido escritor le/la obligaba a hacerlo. No tenía suficiente con tener un cuerpo, una vida, amor; si no que tenía que alzarse sobre otros e intentar describirle a él/ella/ello. Lo envidiaba, lo odiaba, y quería hacerle sufrir, pero no quería pero él le/la obligaba.

No podía evitarlo, ni le dejaban. Era lo que era y así debía ser. Pues no era mas que mal concentrado y a quien le/la buscase, sufriría por ello.


Dolor e infierno.

Cuando rasgó el último acorde dejo que sonara hasta el infinito, que poco a poco se fuera silenciando el sonido y disfrutar la vibración de la caja de resonancia sobre su estomago.

Llevaba mucho tiempo preparándose para esa noche. Había estado ensayando el Hurt de Johnny Cash desde hacia meses y por fin lo había conseguido tocar a la perfección. Con su tempo, su tonalidad perfecta, incluso casi con la misma voz que Cash, aunque para esa noche, y por puro egocentrismo, se había propuesto cantarla sin intentar imitar la voz de “El Hombre de Negro”. Hoy seria su única y ultima representación, ya que al igual que el canto de un cisne presagia su propia muerte, el mundo esa misma noche oiría su voz real a modo de despedida.

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Mi novio es un…

-…Zombie.

-¿Perdón? ¿Qué has dicho?-Alba se asustó al oír esa palabra al otro lado del teléfono. Se había distraído de la conversación y por un segundo no recordaba ni con quién estaba hablando.

-Que el programa había fallado por que el proceso que lo lleva se había quedado en estado Zombie. No te preocupes que ya lo he solucionado.

-¡Ah! Vale, gracias, Andrés. -Andrés era el informático que llevaba la asistencia técnica del laboratorio. No terminaba de congeniar con él, pero al menos hacia bien su trabajo. Continuar leyendo


Por las mejores intenciones

Llevo años patrullando las calles, he visto muchas cosas malas y por las razones mas estúpidas. Recuerdo una chica, no tendría mas de 16 años, que había asfixiado a su hijo por que le molestaba cuando follaba con el padre del chaval. En otra ocasión vi el cadáver de un chaval totalmente desfigurado después de que unos rapados le pegaran una paliza simplemente por que no les gustaba la ropa que llevaba, era muy exótica. La gente es capaz de hacer las cosas mas horribles por las razones mas estúpidas. Así pensaba yo hasta aquella noche.

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Mierda de dia

Los tiempos difíciles no siempre son difíciles para todos. En los tiempos difíciles hay tres tipos de personas: los que se sobreponen a la adversidad y prevalecen, los que no lo soportan y se hunden y los que se aprovechan de los que se hunden para prevalecer sin tener que hacer nada. Yo no soy de estos últimos pero trabaje para uno de ellos. Para la gente que trabajaba en lo mio en aquella época, era cobrador de deudas pero no de esos que van disfrazados yendo detrás tuya para dejarte en ridículo; yo era de los otros, de los que te rompen los dedos cuando te retrasas en devolver el dinero al tipo menos recomendable. Pues para los que se dedican a lo mio la crisis fue un milagro. Antes la gente pedía créditos y créditos a los bancos que soltaban dinero como si lo cagasen. La gente perdió la vergüenza y el valor por el dinero, todo era fácil y rápido. Pero como siempre volvieron las vacas flacas.

Durante aquella época iban a ver a mis jefes y se endeudaban creyéndose que trataban con gente honrada y respetable a la que les importa que hayan perdido el trabajo. Esa idea la solían mantener hasta que llegaba yo, les enseñaba la foto de sus familias saliendo de casa, diciéndoles el nombre de sus hijos y donde estudian, sus horarios; entonces es cuando se daban cuenta en el hoyo de mierda en el que se habían metido y era cuando se hacían conscientes de sus problemas. A mi todo esto no me importa mucho, y en aquella época aun menos, si eres tan estúpido como para creer que un desconocido te puede prestar dinero por que si, sin la mas mínima consecuencia; sinceramente todo lo que te pueda pasar te lo mereces.

Meses antes de aquello llego un hombre a la casa de mi jefe pidiendo dinero para un supuesto negocio inmobiliario. El tipo no era muy inteligente, hasta yo se que meterse en cosas de inmobiliarias con los tiempos que corrían era un suicidio pero el tipo estaba convencido de que podría conseguirlo. El negocio se fue a pique como era de esperar y empezó a retrasarse, al principio solo eran un par de días pero luego fueron semanas dando largas a mi jefe y como era de esperar me llamo para que arreglara el problema. Mi forma de proceder siempre fue la misma, primero les avisaba con una llamada de el error que había cometido y de que seria mejor de que lo solucionara antes de que tuviera que hacerles una visita en persona; lo ultimo que les decía era mi nombre: Vince. Quería que fuera la ultima palabra que recordase para que cuando lo oyeran otra vez supieran que la cosa iba en serio. Con este tipo no funciono así que pase al segundo paso. Una visita en persona.

Lo recuerdo como si fuera ayer. Aquel día no había comenzado bien. Una llamada de mi jefe me había despertado,tenia una resaca de espanto y la cabeza me latía como si tuviera un tambor dentro. El señor Bossi quería su dinero y lo quería ya o tendría que hacerme yo cargo de la deuda. Diez minutos después la que me llamo fue mi exmujer pidiéndome el dinero de la pensión, la muy puta se había liado con un abogado que luego la ayudo a separarse y ahora me pedía dinero. La dije que se jodiera y que la daría su dinero cuando lo tuviera y la colgué El día prometía ser una mierda, así que me duche rápido, me vestí y cogí mi coche para ir a ver al tal Whitehouse así por lo menos me quitaría un problema de en medio. La casa era grande, en una urbanización de gente con pasta, en cada puerta un coche que intentaba aparentar un buen estatus pero que a unos ojos expertos estaba claro que la mayoría eran de segunda mano, eso si muy limpios para dar la imagen. En el jardín delantero había un chiquillo de unos 10 años jugando con un perro y no pude evitar sonreír, era la puta imagen de una película de los sábados por la tarde. Me acerque al chaval.

-Hola tío,-el niño se giro y me miro con algo de recelo.- Bonito perro, ¿como se llama?

-Bobby.

-Es un nombre chulo. Yo soy Vince.-Le di la mano intentando hacerme el simpático. Me estrecho la mano y me dijo el suyo.

-Me llamo Charlie.-Obviamente ya lo sabia, pero siempre ayuda presentarse de una forma normal si no la gente se asusta, y Charlie ya estaba suficientemente asustado por ahora.

-Encantado de conocerte Charlie. He venido a ver a tu padre ¿esta en casa?

Me dijo que si y fue a buscarle. Enseguida salieron los dos, padre e hijo. Cuando les vi volví ha pensar que me habían colado en la grabación de un telefilme de los malos. El tío iba vestido con un polo rosa y unos pantalones cortos color caqui, solo por ser tan hortera me dieron ganas de pegarle. El padre se acerco a mi con cara de pocos amigos mientras que Charlie se quedo en la puerta con cara de susto.

-¿Se puede saber que hace usted aquí?

-Señor Whitehouse hace un par de días que le llame y aun no hemos tenido respuesta por su parte, ya le avise que sucedería si se retrasaba mas.

-Me da lo mismo ¿quien se cree para plantarse en mi casa?

Me quite las gafas y le mire fijamente a los ojos. Me dieron unas ganas enormes de reventarle la cabeza allí mismo, pero estas cosas no se hacen en un sitio publico así que me lo guarde por si había una próxima vez. Le cogí de la nuca con fuerza y le susurre al oído:

-Soy el hijoputa que se ha molestado en venir aquí por que usted no se ocupa de sus obligaciones con mi jefe, así que seria mejor que mostrara un poco de respeto o le parto la cara delante de su hijo.-El tipo giro la cabeza para mirar a su hijo. Me volvió a mirar a mi y yo asentí con la cabeza- Si tío, soy capaz de hacerlo y de hecho me encantaría ¿Donde esta el dinero?

-Aun no…-Vuelve a mirar a su hijo.

-¡Eh! Céntrese. ¿Donde esta el dinero?

-Si… si, perdone. Lo tengo dentro. Sígame.

La casa era tal cual me suponía, ordenada e impoluta. Todo los cristales brillaban, pase un dedo por encima de una repisa y no había ni un poco de polvo; era una casa de ensueño, con una familia de ensueño y seguramente una vida de ensueño; y yo estaba allí para darle al señor Whitehouse ese puntito de realidad. Llegamos a su despacho y me quede boquiabierto. Era mas grande que mi apartamento en Little Italy. Estaba lleno de fotos familiares, libros en estanterías y títulos en las paredes. Había un escritorio de madera enorme y el señor Whitehouse se puso a rebuscar en los cajones de este, yo mientras me puse a mirar por la habitación. Cogí una foto en la que aparecían el señor Whitehouse cogiendo en brazos a Charlie que iba vestido de jugador de baseball y levantaba un trofeo por encima de su cabeza; me fije en otra foto en la que aparecían los dos en el parque de atracciones y un poco mas lejos otra en la que estaban los dos en unas gradas. Me resulto curioso.

-¿Donde esta la madre del chico?

-Se fue.-Dijo sin mas.

-Son todas unas putas.

-Ella no lo era.-Me dijo a gritos. Me gire y le mire a la cara.-Ella era una buena mujer, solo que…

-Solo que ella pensaba que no era suficientemente hombre y por eso le dejo por el abogado que le ayudo a divorciarse. Ya me conozco esa historia. Si no le importa tengo algo de prisa.

El hombre se quedo mirándome a la cara, como si estuviera decidiendo que hacer, cogió algo de un cajón y se dirigió a una pequeña caja fuerte que había en una de las paredes junto al escritorio. Yo le di la espalda y me puse a mirar por la ventana. Charlie seguía jugando con su perro y no pude evitar divagar en la vida del pobre chaval. Tan feliz, tan apartado de la realidad, de una vida sin una madre y de un padre que hacia tratos con gente indeseable, parecía como si viviera en un sueño. Un sueño que una mala decisión podía mandar al traste en un solo segundo

-¡Eh Vince!- Me gire y me encontré el cañón de un revolver casi pegado a mi cara. Por muy duro que te creas y por mucho que hayas vivido es una cosa que sigue impresionando y no pude evitar el pensar que me había equivocado a que tonto tomar el pelo. El día estaba convirtiéndose en una autentica mierda.

-Señor Whitehouse, esta cometiendo un error.

-El error lo has cometido tu al venir a mi casa amenazándome con hacerme daño delante de mi hijo.

-Señor Whitehouse,-seguía hablándole mientras iba acercándome a el intentando quitar distancia entre los dos- usted ha sido el que ha hecho que viniera, si hubiera pagado a tiempo a mi jefe…

-¡¡TU Y TU JEFE OS PODEIS IR AL INFIERNO!!- A cada paso que yo daba hacia delante el tipo daba un paso hacia atrás y no miraba por donde andaba. Yo daba los pasos un poco mas grandes y lo tenia al alcance de mi brazo.

-Señor Whitehouse, cuidado.-Le dije al tiempo que señalaba al suelo detrás de el. El pobre estúpido desvío la mirada y fue el momento que estaba esperando. Antes de que se diera cuenta le sujete con una mano el brazo del arma y le di un puñetazo en la cara y callo al suelo. Me lance sobre el y le seguí dando puñetazos uno tras otro hasta que los nervios se pasaron y los nudillos me empezaron a sangrar. Estaba tan perdido en mi propia rabia que no me di cuenta hasta que pare que el chaval estaba en el despacho y lo había visto todo. Vio que le miraba y salio corriendo, salí detrás de el persiguiéndole por toda la casa. El giro por una puerta y nada mas entrar por ella oí un golpe como si alguien se hubiera caído por unas escaleras. Cuando llegue vi que el chaval se había metido en un sótano y con la poca luz que entraba pude ver la silueta del chaval al fondo de las escaleras, encendí la luz y me di cuenta que el chaval tenia girada la cabeza en un ángulo imposible. El día se había convertido en una mierda como un piano de cola de grande.

Siempre he sido un tipo de acción así que no perdí mucho el tiempo y volví al despacho de Whitehouse para ver si tenia algo de dinero que pudiera dar a mi jefe. La caja fuerte estaba abierta y dentro había dinero suficiente para pagar a mi jefe y llevarme yo un buen pellizco. El tío podía haberme pagado y por orgullo había jodido su vida y la de su hijo. Si antes pensaba que no era muy inteligente eso me lo confirmo del todo. Cogí unas bolsas de basura de la cocina, guarde todo el dinero y me prepare para la limpieza. Para estos casos no hay nada mejor que un fuego, no esconde las pruebas de una paliza pero al menos da el tiempo suficiente como para que puedas huir lo mas lejos posible. Fui buscando todos los productos inflamables que encontraba por la casa, botellas de alcohol, productos de limpieza, todo servia y según lo encontraba lo esparcía por el suelo. Ya todo bien preparado cogí las bolsas, prendí una cerilla, la tire al primer charco que vi y se encendió con una gran llamarada; cerré la puerta y corrí hacia mi coche.

El resto es de esperar como fue. Mientras los bomberos apagaban el fuego yo estaba en la oficina del señor Bossi dándole su dinero, le conté toda la historia y después de gritarme por semejante chapuza hizo que uno de sus guardaespaldas me pegara un tiro y se deshiciera de mi cadáver. Mientras veía el segundo cañón del día apuntándome a la cara solo pude pensar una cosa con una sonrisa en la cara “Al menos esa puta no se va a quedar con mi dinero.”


Un amor para siempre

El día había sido duro en el trabajo y Luis solo pensaba en llegar a casa y descansar. Además estaba Sara en casa, por fin había conseguido que volviera con el. Rompieron durante un tiempo pero el había puesto todos sus esfuerzos en conseguir que volviera a casa. Olvidaron las discusiones, las palizas e incluso la orden de alejamiento que ella interpuso contra el. Luis la perdono y consiguió que ella entendiera que lo mejor es que volviera con el.- ¡Hola cariño, ya estoy en casa!. Continuar leyendo


Saul, el primero de los hambrientos

Nadie podría decir como sucedió, como empezó todo. ¿Fue un virus, una mutación, un ataque biológico por parte de un grupo terrorista, una estratagema del Diablo o quizá la voluntad de Dios? A cualquiera que se le preguntase diría que después de lo que paso no era posible que existiera un Dios que hiciera eso por lo que cualquiera de las otras razones era bastante factible, pero nadie lo sabia con seguridad. Lo único que podían asegurar es que los muertos habían comenzado a levantarse y cada vez eran mas. El resto solo eran especulaciones. Continuar leyendo


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