El leñador y La Luna

¿Os habéis fijado alguna vez que en la luna en ocasiones se puede ver una cara triste? ¿Os habéis preguntado alguna vez por qué eso es así? Mi madre me lo contó una vez.

Hace muchos, muchos años, había un leñador que vivía junto a un gran y profundo bosque. El leñador, solitario y huraño, dedicaba toda su vida a cortar arboles y venderlos en una aldea cercana. No trataba con la gente más que para vender la leña que recogía y aunque siempre era educado, sus modales eran secos, lo que hacía que la gente tratase
con él sólo lo imprescindible. Y él era feliz así, todo lo feliz que puede ser una persona con mal genio, sin más compañía que su hacha silenciosa, su bosque solitario y su cabaña única y exclusivamente para él.

Un día, mientras estaba en el bosque intentando cortar un arbol especialmente duro y resistente, lo que le tenía de un humor más hosco de lo habitual, el leñador oyó algo que se movía tras unos arbustos que estaban a su espalda. En un primero momento se giró y no oyó nada, así que decidió continuar; pero a la que iba a continuar escuchó un sonido a su izquierda y, con la habilidad que da usar la misma herramienta durante casi una vida, lanzó su hacha en dirección al sonido, atrapando a una mujer mayor por la capucha de su capa. La mujer gemía e intentaba huir, pero el hacha estaba bien clavada en la madera y era imposible que se soltara. El leñador se acerco a ella, y la visión de la mujer le resulto
ya de por sí desagradable. La piel de la cara era blanca, arrugada como una uva pasa y llena de manchas; le faltaban varios mechones de pelo, fino y blanco como tela de araña. Tenia la boca desdentada y de ella salía un olor a podrido que hizo que el hombre mantuviera la distancia. La mujer no dejaba de tirar para escapar mientras le miraba con los ojos cargados de terror y suplicaba, entre susurros que no la matara.

El leñador se fijó que en el suelo junto a la vieja había un montón pequeño de leños tirados. Eso le enfado mucho más e hinchándose y con los brazos en jarra se plantó frente a la mujer:

-¿No le da vergüenza, señora? Meterse en las propiedades de un hombre honrado, sin permiso, a hurtadillas para robarle su leña.- La mujer se encogió aún más y empezó a temblar de puro terror.

-L-lo siento mucho, señor.-Respondió la mujer balbuceando- Una vieja… estúpida no piensa, señor. Pero tenía frío, y nada con que pagar su buena leña. ¿Podría darme, ¡oh,señor! un poco de su buena leña?

Al leñador le sonó a burla tanto “señor” y tanta excusa, cosa que le enfadó más si era posible. Las fosas nasales se le hincharon y resoplaba igual que un toro.

-¡¿Te estás intentando reir de mí, vieja?!- Gritó el leñador muy enfadado.

-¡No, no, mi señor! Sólo quiero un poco de leña para pasar la noche. Prometo que si me da un poco de leña me marcharé y no volveré a aparecer por sus tierras.

El leñador arrancó el hacha del árbol y al mismo tiempo dió una patada a la vieja que cayó de bruces al suelo.

-Eso es todo lo que sacará de mí una vieja asquerosa y ladrona. ¡Largo de aquí o en lo próximo que se clavará mi hacha sera en tu cabeza!

-No, no, por favor.-Gritaba la mujer, mientras con cuidado intentaba coger algunos troncos pequeños y ocultarlos bajo su vestido.

El leñador, ya de por sí muy enfadado, al darse cuenta de la jugada de la vieja perdió la poca paciencia que le quedaba y le dio una patada que le saltó los pocos dientes que le quedaban y la lanzó hacia atrás. Se dio la vuelta malhumorado pero satisfecho por haber dado su merecido a esa vieja ladrona que le había tomado por tonto. Empezó a recoger
los leños que la mujer intentó robarle, cuando de pronto empezó a sentir un frío glacial a sus espaldas, vio una sombra que crecía tras de él y escuchó una voz a su espalda:

-No debiste hacer eso.- Por un segundo le parecio la voz de la anciana, pero no podía ser, ésta sonaba segura y cavernosa.

Cuando se giró el que acabo en el suelo fue él, por el susto que se llevó. Donde debería estar la mujer mayor ahora había una criatura alta y esquelética. Donde estaba la cara arrugada y la boca desdentada ahora había una especie de mascara de carne podrida y un hueco en medio que se podría decir que era la boca, más por el lugar en el que estaba que por el parecido con una boca, del que salía un sonido de aspiración como si intentara absorberle. La criatura no tenía ojos y aun así el leñador, aterrado y pálido como el mármol, sabía que le estaba mirando.

-Sólo quería un poco de leña y tú, egoísta y arrogante humano, creyéndote superior a mí, me has humillado y maltratado.

-No no, señora. Perdonadme.-Le dijo mientras intentaba retroceder con manos y pies.-Coged toda la madera que necesitéis. Y disculpad mis modales, no volverá a suceder.

-¡Ahora vienes con tu madera y tus disculpas! Inútil mono sin pelo, pues claro que me quedaré con tu madera, y también con tus arboles y tu casa por que tu nunca volverás. Yo te maldigo a vagar siempre por un bosque sin fin, en el que nunca jamás encontrarás la salida. Ahora… ¡corre!

Y el leñador corrió. Corrió tan rápido como sus piernas le dieron, y cuando no pudo más descansó, y anduvo y anduvo y jamás encontró la salida. Y llegó a andar tanto y tan lejos, que se cuenta que llego hasta la luna.

Y es por eso que cuando miras a la luna llena puedes ver en ocasiones una cara triste. La cara del leñador que aún intenta volver a su hogar.

Acerca de El Bufón

Soy el fiel sirviente de mi señor. Un susurrador de historias, un observador de realidades algunas mas alegres y otras mas tristes. Bienvenidos a este pedazo de mi mente. Ver todas las entradas de El Bufón

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