El Comemierdas de en medio

Estoy en su casa. Todo esta a oscuras. No espero que sea de otra manera. Bueno, en realidad no quiero que sea de otra manera ya que todo esto esta sucediendo en mi mente. Es mi manera de afrontar mis problemas, con ciertas personas.

A pesar de la oscuridad, y del desorden, no tengo problemas en moverme por ella. No he estado mas de dos o tres veces pero la recuerdo parte por parte de memoria. Puerta de entrada, giro a la derecha y esta el comedor. En el pasillo a la derecha una estantería con cosas, alguna foto, libros. Cosas. Oigo un ruido de pasos pequeños pero sigilosos. Aparece de debajo del sofá, no recuerdo el nombre del gato, nunca he sido bueno con los nombres. Me agacho para acariciarle y como siempre el maldito bicho me muerde la mano. Le doy un golpe en la cabeza y sale corriendo. Que de heridas me ha hecho otras veces y me las ha vuelto a hacer, parece que todo lo que la rodea me acaba haciendo daño.

Oigo su respiración, la de ella, no la del gato. Me cuelo en la habitación. Me siento en el suelo y la miro. No se como duerme, si lo hace desnuda o con pijama, si es de taparse hasta el cuello o duerme destapada. Tampoco me importa para lo que tengo que hacer. Yo solo le miro la cara. El pelo la tapa casi toda la cara. Siempre me encanto eso, que el flequillo le tapara casi mitad de la cara, como si fuera un velo que guardase un tesoro o algo demasiado bonito para mostrárselo a cualquiera. Le aparto el pelo con cuidado, no quiero despertarla. Lo que tengo que decirle nunca podría hacerlo en persona, ella no me dejaría o no me atrevería o quizás no tiene sentido hacerlo pero me apetece hacerlo. Tengo que pasar pagina de una vez, necesito hacerlo.

Me vuelvo a sentar en el suelo y me apoyo en la puerta de la habitación. “Ojala las cosas fueran de forma diferente. Ojala te hubieras fijado alguna vez en mi o no fuera yo como soy para que hubiera tenido al menos una posibilidad para hacerte sentir algo por mi. Ojala yo supiera olvidar o pasar pagina y dejar que la vida siga. Pero las cosas no son, generalmente, como deberían son como son. Pero cada vez que te miro hay algo por dentro mía que se revuelve, es solo oír tu voz y algo instintivo hace que te busque para mirarte; solo eso, mirarte. Por suerte siempre me ato en corto para que no lo veas. Tu lo que ves en mi es desprecio. Esa es la idea, que te de tanto asco como para que te mantengas alejada de mi tanto como te sea posible por que todo lo que te rodea me hace daño. Todo lo que, o quien, esta o se acerca a ti se acaban convirtiendo en cuchillas que se me clavan.” No puedo evitar sonreír y mirarme la herida que me ha dejado el maldito gato.

“¿Recuerdas aquella noche que estuvimos tu y yo solos tomándola en el bar que hay al lado de la Junta? Yo no la he olvidado. Fue genial y lo pase bastante mal hablando contigo de sexo.” Sonrío al recordarlo. “Dios, te juro que me puse cardiaco aunque quizás mi cara no lo mostrase, al menos intente que no se viera. Que ganas tuve de besarte, tuve que aguantarme mucho para no intentarlo. Y los dos sabemos que fue lo mejor que pude hacer. Me hubiera ido mas humillado de lo que ya me siento, de lo que me has hecho sentir o de lo que las circunstancias han hecho, y hacen, que me sienta respecto a ti.” La miro y de forma inconsciente, y estúpida sin lugar a dudas, espero que me conteste que me reproche o que diga algo pero no va a despertar. No por que todo esto esta en mi imaginación y ella hará lo que yo desee. Cualquiera podría pensar que podría tomarla, fantasear con hacerla mía, oírla gemir y pedirme mas. Pero no es lo que deseo, solo quiero decirla esto y mirarla, por que es lo único que puedo conseguir. Aunque querría besarla, acariciarle la cara, tumbarme a su lado y abrazarla pero eso tendría que dármelo ella. Y eso nunca pasara.

La sigo mirando un rato mas mientras me enciendo un cigarro. Le doy una calada larga sin dejar de mirarla. Su cara esta tan relajada. Es hora de terminar aquí. No dejaría de hacer esto, describirla y fantasear con volver a mirar directamente, pero esto tiene que acabar. “A partir de ahora todo seguirá como siempre. Intentare no mirarte, procurare no tratar contigo mas que lo imprescindible que serán temas “profesionales”. Tu no vas a aceptar mi forma de hacer las cosas y yo no voy a cambiar en mi actitud por que ya he comprobado que aflojar esa cuerda que tengo alrededor de mi cuello cuando estas cerca me hace mas daño que el apretármela hasta que me asfixie.” Tengo que controlarme por que eso que suena en mi voz es ira que quiere salir. “Ojala las cosas fueran diferentes, pero son como son. Acéptalo. Yo te ofreceré la parte de amistad que puedo darte y es que siempre que me pidas algo estaré ahí, por que es lo que hago por mi gente. Estar cuando lo necesitan. En serio, ojala las cosas fueran diferentes pero son como son.”

Me acerco por ultima vez a ella y la doy un beso en la frente y apreto mi cabeza contra la suya. “Lo siento. En serio, lo siento mucho. Ojala pudiera hacerte feliz, ojala pudiera mostrarte cuan feliz podria hacerte.” Me giro y salgo de allí tal como entre, con la imaginación. Estoy en la puerta de su portal, como tantas otras veces. Esta lloviendo. Encojo el cuello intentando cubrirme del frío. Me pongo los cascos y oigo cantar a Brian Molko algo sobre un corazón de cenicero. Así es como siento el mio. Un gran y sucio cenicero. Me dicen que lleno de veneno, aunque en realidad esta lleno de mierda, lo han usado tantas veces como una basura… y no lo dejan de hacer. Mientras la canción sigue la lluvia también y recuerdo una frase que un buen amigo me dice aveces como una broma. “Eres el come mierdas de en medio.” Si, lo soy, y parece que todo el mundo lo sabe y están dispuestos a que yo no lo olvide.

Acerca de El Bufón

Soy el fiel sirviente de mi señor. Un susurrador de historias, un observador de realidades algunas mas alegres y otras mas tristes. Bienvenidos a este pedazo de mi mente. Ver todas las entradas de El Bufón

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