Que esta esclavitud dure mil vidas

“Para un dominado el paraíso esta donde esta su Dominante.” Reblar

-Quitate la ropa.-Le dijo con una voz tan calmada y fría que no parecía ni el. Sus ojos azules se le clavaron en el alma, y no pudo hacer mas que estremecerse mientras notaba como empezaba a humedecerse.

El viento ártico que desde hacia días invadía Madrid estaba consiguiendo que Valentina se arrepintiera del vestido tan corto y fino que se había puesto, el aire se le colaba por debajo de la falda a pesar del abrigo con el que intentaba cubrirse inútilmente y hacia que sintiera que el frío llegaba hasta el rincón mas recóndito de su cuerpo. Temblaba del frío pero la ocasión lo merecía y ¡que demonios! aguantaría el frío con tal de estar resplandeciente para Martín. Últimamente las cosas se habían enfriado entre ellos. La relación es verdad que era mas calmada pero esa calma se había trasladado a la cama y parecía que la pasión animal que una vez sintieron se había ido de la mano con las discusiones. Pero ella lo quería y tenia fe en que se solucionaría. Por el momento Martín la había llamado un par de días antes para invitarla a su casa a cenar.

-¡Ah! ¿Pero tu sabes cocinar?-Le contesto mordaz a traves del teléfono. No podía evitar picarle, era tan fácil.

-Pues lo mismo te sorprendo listilla. Seré mas pequeño que tu, pero no soy un inútil.-Respondio con voz molesta.

-Vale chico, relájate. Tampoco es para ponerse así, solo es una broma.-No le veía pero estaba segura que ahora tendría esa cara de cabreo que le hacia parecer un niño enrabietado.-Bueno, ¿y que es lo que me piensas preparar? Seguro que sera algo vegetariano de eso tuyo.

-Pues si, va a ser una cena vegetariana pero va con una sorpresa.

Ella insistió pero Martín no dijo ni una palabra de cual era la sorpresa. Probo amenazándole, chantajeándolo, incluso prometiéndole ser su esclava. Esta ultima propuesta lo único que saco por respuesta fue una carcajada y una frase que de primeras no entendió que quería decir “Como si no lo fueras ya” y la colgó dejándola con la duda de la sorpresa que la esperaba y del significado de esa frase.

¿Que habria querido decir con lo de que ya era su esclava? Era un imbécil. Se creía que era su amo. Pues ya le iba a enseñar ella quien mandaba sobre quien. Por que la sorpresa no le preocupaba. Ese tarugo que tenia por ligue, por que ni eran novios ya que el “no estaba preparado para una relación”, pues ese tarugo lo mas que entendía por darle una sorpresa seria regalarle un conjunto sexy para que se lo pusiera esa noche como si su fin en la vida fuera ponerse sexy para el. Pero ¿que era su esclava? Este no sabia lo que había hecho. De hecho el vestido que se había puesto no era tanto por que le hiciera ilusión la cena si no por que pensaba ponerle como una moto y dejarle a dos velas. Ya veríamos quien estaba a los pies de quien. Aunque también le tenia unas ganas impresionantes ya que no le veía desde hacia dos semanas. Pero tenia que ser fuerte y aguantarse, que aprendiese.

Ya en el portal tuvo que llamar varias veces al telefonillo antes de que contestaran.

-¿Si?

-Martin, soy yo. Ábreme.

Al momento sonó el zumbido del portal y entro. La puerta de la casa estaba entreabierta y Valentina entro corriendo esperando que dentro estuviera encendida la calefacción. En la entrada ya había una temperatura mucho mas agradable, siguió el pasillo hacia el comedor, sabia donde tenia que dirigirse por que ya había estado mas veces allí. Cuando entro se lo encontró sentado en un sillón frente a la puerta por donde ella entraba. Según entro le clavo sus ojos azules y le hizo un repaso de arriba a abajo. Su cara era una mascara esculpida en piedra, no se veía ni un resquicio de sonrisa o emoción alguna.

-Hola.-Dijo ella. El no emitió ni un sonido. Cruzo una pierna sobre la otra, apoyo la cabeza sobre su mano izquierda y la miro fijamente a los ojos.

-Ahora, es cuando se supone que tu también dices  hola y nos besamos.-Martin siguio sin hacer el mas mínimo sonido. Ella soltó una risita nerviosa. Toda la compostura, valentía y convencimiento que traía se fueron deshaciendo poco a poco ante ese rostro frío y sin sentimientos. Y no sabia por que pero en sentido contrario su deseo por el empezaba a aumentar.

Pasaron dos minutos en silencio, Martín sin apartar la vista y ella cada vez mas incomoda por ese silencio, pero sobretodo por esa mirada que la penetraba donde no había llegado nadie antes.

-Estas muy guapa.-Su voz la sobresalto. Le miro y tenia un atisbo de sonrisa. No pudo evitar el sonrojarse, cosa que la hizo sentirse tonta y vulnerable.-¿Me dejas que te vea entera? Girate.

Ella se giro despacio, dejando que el se recreara en lo que veía. Cuando se giro completamente se encontró con el de frente. Eran de la misma altura pero ella sintió que delante tenia a un gigante que la miraba fijamente. Sintió miedo y adoración al mismo tiempo. Y sin mediar palabra el la dio un beso tierno en los labios que a ella le arranco un suspiro profundo. Martín se dio media vuelta y volvió a sentarse en el sofá. Valentina se sentía confusa, por mas que lo intentaba su cabeza no conseguía hilar una idea con otra y sentía todo su cuerpo ardiendo.

-Quitate la ropa.-Le dijo con una voz tan calmada y fría que no parecía ni el. Sus ojos azules se le clavaron en el alma, y no pudo hacer mas que estremecerse mientras notaba como empezaba a humedecerse. Empezó a quitarse el vestido torpemente, aun confusa por el beso y la situación en si.-No, hazlo despacio.-Le volvió a decir. Ella volvio a mirarle y sin poder dejar de hacerlo empezó a hacerlo de forma mas calmada. Su mente comenzó a centrarse en la orden que le habían dado. Se desabrocho la cremallera despacio, sin perder su mirada, como si estuviera hipnotizada. Cuando llego hasta abajo simplemente dejo caer el vestido al suelo.

-Ahora quitate el resto. Pero los zapatos déjatelos.-Ella obedecio, con calma.

Cuando estuvo desnuda por completo se empezó a sentir incomoda de nuevo, no por la desnudez en si ya que no era la primera vez que la veía así; pero la vulnerabilidad era algo que la superaba. Martín no decía nada, solo la miraba.

-Venga. Para de jugar, esto…

-Espera.-La interrumpio al mismo tiempo que se  levantaba del sillón. Ella se quedo quieta, casi petrificada. Martín se acerco despacio hasta ella y andando a su alrededor siguió mirándola. Se quedo detrás de ella, pegado a su cuerpo desnudo. Ella cerro los ojos y totalmente sumisa se dejo hacer. Martín la rodeo con los brazos y comenzó a acariciarla, pasando sus manos por su cara, jugando los dedos en su boca donde ella los chupaba como si fuera lo ultimo que pudiera hacer en esta vida. Poco a poco el continuo hasta llegar a sus pequeños pechos, los acarició y apretó como si fuera la primera vez que lo hiciera. Pellizco sus pezones con fuerza hasta el punto de conseguir que ella soltara un pequeño grito mezcla de dolor y placer al mismo tiempo. Su respiración estaba acelerada y no dejaba morderse el labio inferior

No aguantaba mas, Valentina hizo un intento de girarse pero Martín bajo rápido hasta sus caderas y se lo impidió. Le oyó reírse quedamente al tiempo que apretaba su polla, que ya estaba en su pleno apogeo, contra su culo. quería besarle, quería comérselo entero, sentía la necesidad de lamerle esa barra que se le clavaba pero el no la dejaba y eso la producía una frustración enorme al mismo tiempo que la excitaba aun mas. Martín siguió acariciándola, ahora desde sus caderas pasaba sus manos por sus nalgas separándose. Se las apretaba y clavaba sus dedos en ellas. Volvió con las manos adelante, pasando desde las caderas hasta el vientre y de allí, con mucha calma, hasta su coño húmedo. Primero paso dos dedos, mojandoselos en el flujo que no paraba de salir como si de una fuente se tratara. Los saco, aun con los ojos cerrados noto como separaba esa mano de su ardiente cuerpo, oyó como los chupaba y hacia un sonido de asentimiento. Acto seguido, con la mano que estaba en su vientre, abrió sus piernas y con la otra mano la empujo desde lo alto de las espalda hacia delante haciéndola inclinarse apoyándose en el respaldo que tenia delante. Martín se agachó y empezó a lamerla desde atrás como si esa fuera la cena tan especial que la había prometido.

Valentina estaba totalmente ida. Su cerebro hacia un buen rato que se había apagado y no era mas que un cuerpo echo por y para el placer. Era consciente de que la estaban usando, pero no la importaba, no mientras fuera así. La lengua de Martín recorría cada centimetro de la parte baja de su cuerpo, desde su clítoris hasta su ano y ella lo sentía todo. Ese apéndice húmedo la daba mas placer que cualquier otra cosa que hubiera probado jamas. De pronto se puso duro y, como si de una polla se tratase, empezó a penetrarla con el y comenzó a gemir.

-Sssshhh.-Oyo que hacia el y ella obedeció por el simple hecho de que el siguiera con lo que estaba. Y así fue durante unos minutos mas hasta que sintió que el se separaba. Hizo un intento de levantarse para ver que pasaba pero la paro poniéndole la mano en la espalda. El sonido de ropa cayendo al suelo ya la dijo lo que venia y de pronto la penetro con una facilidad pasmosa. Le noto ten dentro que sin poder evitarlo sintió que llegaba el primer orgasmo tan fuerte que tuvo que morderse fuerte el labio hasta sangrar. Martín empezó un movimiento lento disfrutando cada centímetro de la penetración y ella no pudo evitar que su cabeza se moviera de forma incontrolada de un lado hacia otro, de arriba hacia abajo. Poco a poco fue aumentado el ritmo hasta el punto que ya tuvo que agarrarla con las dos manos por las caderas. La dulzura del principio se convirtió en unos golpes salvajes de cadera y Valentina, notando el siguiente orgasmo aun mas brutal que el anterior, comenzó a gritar sin control hasta que exploto de placer. Sus piernas, totalmente incontrolables, empezaron a temblar y se le hizo imposible el mantenerse en pie. Martín la sujeto desde el vientre y la dejo caerse en el suelo, se sentó junto a ella y la abrazo dejándola disfrutar.

Pasaron varios minutos hasta que ella, ya recuperada, fue consciente de todo lo que había pasado. Había conseguido hacer con ella lo que había querido y aun así había disfrutado como nunca antes. Si eso era la esclavitud que le esperaba pensó que ya podía durar mil vidas por que no quería que acabase jamas.  Le miro, el sonreía y la miraba con ternura. Le beso tiérnamente.

-Ahora si que necesito cenar.-Le dijo y no pudieron evitar reírse, pero aun así no se movieron de donde estaban, amo y esclava, y aun seguirían así un buen rato mas.

Acerca de El Bufón

Soy el fiel sirviente de mi señor. Un susurrador de historias, un observador de realidades algunas mas alegres y otras mas tristes. Bienvenidos a este pedazo de mi mente. Ver todas las entradas de El Bufón

Debes haber iniciado sesión para comentar.

A %d blogueros les gusta esto: