Mensajes en un muro

Habían pasado meses desde aquella primera frase en el muro. Una mañana cualquiera, de un día cualquiera, por el mismo camino de siempre al trabajo. Todo era tan común como el resto de días y por una casualidad de la vida, una simple distracción o un girar la mirada en el momento exacto, se fijo en algo que había escrito en un muro junto al que pasaba.

El muro de ladrillo rojo no era diferente que cualquier otro, excepto quizás por que tenia menos pintadas que las demás. No superaba los 2 metros, Javier podía mirar sobre el si se ponía de puntillas. Lo curioso en todo este escenario, tan común, fue una frase escrita a tiza justo a la altura de sus ojos.

“Hola, ¿estas ahi?”

No era mas que una frase, un juego de niños seguramente. Aunque deberían ser niños muy altos para conseguir escribir a esa altura. Ademas, aunque las letras eran un tanto irregulares por la forma del ladrillo estaban muy bien escritas. Se quedo mirando la frase, embobado, pensando si contestar o no. El hacerlo no tenia ningún sentido, pero le hacia gracia la idea de que alguien le contestase. Total, tampoco hacia daño a nadie, así que con una sonrisa se puso a buscar alguna tiza o algo para poder escribir. Encontró una rota tirada en el suelo, la recogió y escribió:

“Si, aquí estoy. ¿Quien eres?”

Volvió a tirar la tiza al suelo y se marcho. Durante el resto del día no pensó mas en ello.

A la mañana siguiente todo seguía siendo tan monótono y normal como de costumbre. Javier iba hacia su trabajo con normalidad cuando se percato de que se acercaba al muro donde escribió el mensaje. Un conato de sonrisa se dibujo en su cara, le hacia gracia la idea de haber escrito un saludo en una pared, le hizo sentir como un niño pequeño y por un segundo imagino que le contestaban y que mantendría una correspondencia a través de esas frases. Pero ya no era un niño, y aunque tenia ganas de mirar su frase escrita en el muro pues le hacia pensar que no había perdido toda su inocencia, sabia que nadie habría respondido, que todo estaría exactamente igual que como lo dejo ayer. Cuando llego a donde había escrito el día anterior miro con una mezcla de tristeza y condescendencia hacia si mismo pero esa mirada se torno en sorpresa cuando vio que las frase habían sido borradas y en su lugar había otra frase.

“No importa quien soy yo. No importa quien seas tu. Lo que importa de verdad es que ya no estoy solo.”

La cabeza de Javier comenzó a dar vueltas. ¿Que había hecho?¿Y si el que habia hecho eso era un loco que ahora le acosaba? Lo que en un principio le hacia cierta ilusión ahora le causaba terror. Quien en su sano juicio tendría una conversación a través de frases en una pared, el no quería escribir, en realidad era una broma. Y de pronto pensó que quizás le estaría vigilando. Si era un loco acosador seguro que le estaría vigilando, así que con torpeza intento taparse la cara con la mano y siguió su camino. El resto del día lo paso nervioso, miraba a todos con desconfianza y cuando volvió a casa lo hizo por un camino diferente para despistar a su supuesto “acosador” mirando a su espalda por si alguien le seguía. Nunca contó nada de lo sucedido por que sabían que le tomaran por tonto y se reirían de el o que le regañarian por haber sido tan inconsciente.

Pasaron los días y Javier volvió siempre al trabajo por el mismo sitio pero no volvió a fijarse en el muro. Alguna vez miraba de reojo y veía que las frases cambiaban pero ni se paro a leerlas por miedo a que ese desconocido le hiciese daño. Pero pasado un mes, cuando seguía el mismo camino de siempre, al pasar junto al muro se dio cuenta de que no había mas frases aunque entre las juntas de unos ladrillos sobresalía un papel. Su instinto le decía que hiciera caso omiso, que siguiera su camino y se olvidara de aquello; pero la curiosidad, fuente de sabiduría y problemas, fue mas fuerte que la prudencia y cogió el papel. Era un papel de cuaderno doblado en el que dentro había escrito lo siguiente:

“Querido desconocido,

Siento si te asuste con mis mensajes. Nunca fue mi intención hacerlo, mas, mi único objetivo solamente fue buscar una conexión con otro ser humano sin la necesidad de seguir los patrones establecidos. Poder conectar con alguien, al azar, que viera mi mensaje como yo lo veo. Una aventura a algo desconocido, sin trabas físicas, sin trabas culturales o sexuales. Solo hacer que dos mentes se unan mediante unas simples frases.

Vuelvo a invitarte a esta conexión y si no la aceptases solo espero que seas feliz, no volveré a molestarte.

Fdo:

Otro desconocido.”

Javier releyó un par de veces la nota. Y se sintió mal. Al otro lado del papel solo había una persona que quería conocer a alguien y el lo había tratado como un loco sin mas razón de que no quera la forma lógica de acercarse a alguien. Y es curiosa la forma que los sentimientos se transforman, que lo que en un principio fue ilusión se transmutó en miedo y ahora lo hacia en arrepentimiento. Busco en su bolsa de tela un boli y respondió a su interlocutor:

“Hola Desconocido,

Perdóname por mi reacción y mi miedo pero, has de entender que el mundo es una jungla peligrosa y que todo aquello que se sale de lo normal nos asusta.

Quiero probar esta conexión a la que me invitas, así que espero mañana sin falta tu frase en el muro.

Fdo:                       

Un desconocido.”

A la mañana siguiente cuando Javier paso junto al muro estaba impaciente por ver si su mensaje había llegado, y cuando leyó la frase se le lleno el pecho de alegría.

“No hay nada que perdonar y si mucho que descubrir.”

Busco en su bolsa una tiza que había comprado el día anterior y le respondió a continuación.

“Gracias a ti me he empezado a descubrirme a mi mismo. Gracias.”

Y asi se sucedieron los meses escribiendose frases uno al otro en el muro. Javier se sentía feliz, e ilusionado cada mañana al ir hacia el trabajo y pensar que antes podría leer un mensaje de su amigo “Desconocido”. La gente le preguntaba que si se había enamorado y el solamente se reía por que amor no sentía, pero si ilusión. Durante todo ese tiempo se intercambiaron chistes (“¿Que es un punto verde en una esquina? Un guisante castigado.”), mensajes simples (“Hoy estoy cansado lo único que quiero es dormir.”), confidencias (“Le quiero y no se como decírselo.”), frases de autores conocidos (“Los hombres van y vienen, pero los enemigos se acumulan. Lope de Vega.”) y, algunas veces, cuando lo que se querían decir era muy extenso recurrían al papel en la rendija de las juntas.

Un día que Javier se acerco al muro a coger el papel que había entre las rendijas, se sorprendió al ver la letra del mensaje. No era la misma que la de su amigo. Y por un momento el miedo se agarro a su corazón.

Querido Desconocido,

Perdóname que entre en vuestro muro particular pero tu amigo me ha pedido que lo haga ya que el no puede transmitirte su adiós. Le apena el tener que hacerlo pero, por motivos laborales, ha tenido que marchar a otra ciudad con mucha premura. Solo quiere decirte que se ha alegrado mucho de conocerte y que en honor a vuestra amistad quiere que continúes lo que el comenzó.

Sin mas me despido con su ultimo deseo y es que te diga que jamas se olvidara de ti.

                          Fdo:                                   

La hermana de tu desconocido.

Las lagrimas empezaron a brotar de los ojos de Javier. ¿Como le podía hacer esto? El no quería hacer esto si no era con el. ¿Quien le contestaría los mensajes si no fuera su Desconocido? Pero se imagino su mundo antes de el, si su amigo no se hubiera atrevido a escribir el primer mensaje Javier nunca le hubiera conocido y no le habría hecho sentir tan especial. Busco la tiza en su bolsa y en el muro, que siempre seria de ellos dos, escribió una frase con la esperanza de que hubiera mas locos dispuestos a conocerse y salirse de lo habitual. Ahora le tocaba ser el primer desconocido.

“Hola, ¿estas ahi?

Acerca de El Bufón

Soy el fiel sirviente de mi señor. Un susurrador de historias, un observador de realidades algunas mas alegres y otras mas tristes. Bienvenidos a este pedazo de mi mente. Ver todas las entradas de El Bufón

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