Dolor e infierno.

Cuando rasgó el último acorde dejo que sonara hasta el infinito, que poco a poco se fuera silenciando el sonido y disfrutar la vibración de la caja de resonancia sobre su estomago.

Llevaba mucho tiempo preparándose para esa noche. Había estado ensayando el Hurt de Johnny Cash desde hacia meses y por fin lo había conseguido tocar a la perfección. Con su tempo, su tonalidad perfecta, incluso casi con la misma voz que Cash, aunque para esa noche, y por puro egocentrismo, se había propuesto cantarla sin intentar imitar la voz de “El Hombre de Negro”. Hoy seria su única y ultima representación, ya que al igual que el canto de un cisne presagia su propia muerte, el mundo esa misma noche oiría su voz real a modo de despedida.

La botella de Legendario estaba a la mitad sobre la mesa de café,  junto a ella un vaso medio lleno y un cenicero con una montaña de cigarros apagados. Apuro el vaso de ron de un solo trago, lo volvió a llenar y lo volvió a vaciar. Mantuvo en la boca durante unos segundos el dulce licor, saboreando a conciencia como haria un reo en su última cena. Hacia meses que había tomado la decisión de acabar con todo. Se sentía cansado, sin fuerzas para seguir y sin una razón que le impulsara a mantenerse en pie por mas tiempo. Todas las personas que alguna vez le quisieron se habían apartado de el cansados de que los usaran e hicieran daño. Ademas, ya había hecho todo cuanto  le había apetecido hacer, drogas, sexo, alcohol, viajes, objetivos en la vida. No eran muy grandes o notables, pero eran los que el se había propuesto conseguir y así le bastaba. Solo había una espinita que tenia clavada. Conseguir tocar Hurt.

Siempre había surgido alguna razón para que tuviera que dejar de lado el practicar con su guitarra, su Culona como la llamaba el, y dedicarlo a otros menesteres, así que desde hacia años no había avanzado ni un poco y tras cuatro años de tenerla aun no era capaz de tocar ni una sola canción completa. Hasta que escucho la canción que le enamoraría y le marcaría hasta el final de sus días. Recordaba, como si fuera la primera vez, como se le clavo en el pecho la melodía, como consiguió conmoverle su tristeza y melancolia. Día tras día la tarareaba y en los momentos en los que mas bajo se encontraba podía pasarse horas escuchandola una y otra vez. Parecía que casi de forma instintiva sabia que esa seria la música que marcaría su final.

“Y va a ser un final digno de mención.” Se repetía una y otra vez, aunque nadie lo veria. Se liaba un cigarro mientras miraba de reojo el pequeño cuchillo que estaba sobre la mesa junto a la botella y el vaso. Sin quitarle la vista de encima termino de liar y encendió la punta despeluchada aspirando profundamente el humo intentando calmarse. El corazón le latia como un caballo desbocado, con un sentimiento que bailaba entre la emoción y el miedo ante un momento tan esperado y tan lleno de incertidumbre por el que vendría después. Sin dar mas tiempo a que la duda y el miedo ahondaron en su pecho, cogió con fuerza el cuchillo y se hizo sendos cortes en las muñecas. El de la muñeca izquierda lo tuvo que repetir ya que en el primer intento solo se hizo un rasguño. En la muñeca derecha apretó con mas fuerza y tuvo miedo de haber dañado algún tendón o que el corte fuera muy profundo y se desangrara demasiado deprisa. Probo a mover las manos y, aunque con ciertas molestias, las movía sin problemas, así que cogió la guitarra, dio su ultimo trago de ron y empezó a tocar.

A cada nota su corazón se relajaba como un niño que escuchara una canción de cuna. Al principio, escuchaba el goteo de su sangre al chocar contra el suelo pero según iba avanzando la canción se fue olvidando de su alrededor y para el solo existían su voz, el sonido de la guitarra y el ritmo lento que le marcaban los latidos de su corazón.

“Me hice daño a mi mismo hoy,
para averiguar si todavía sentía algo.
Me centré en el dolor,
la única cosa que es real.”

Las manos se movían de forma automática, creando acordes y pulsando cuerdas, dando a la música tal melancolia y tristeza que esa noche la gente que dormia, y la escucho, lloro mientras soñaba con antiguos amigos. Los niños, soñadores mas sensibles, despertaron llorando por que creían que sus madres se habían marchado por su culpa.

“¿En qué me he convertido?
Mi dulce amigo,
todo el mundo al que conozco,
se va al final,
y podrías haberlo tenido todo.
Mi imperio de basura.

Te defraudaré
Te haré daño”

El alcohol, la falta de sangre, el hechizo de su propia música; todo empezaba a afectar a su cabeza. Le parecía ver imágenes de su pasado. De todo el dolor, todo el mal y todas las lagrimas que había causado. Sus ojos se negaban a enfocarse, asi que los cerro. No los necesitaba, conocía esa canción, la única para el, tan bien que podía hacerlo con los ojos cerrados.

Llevo esta corona de espinas
sobre mi trono de mentiroso.
Lleno de pensamientos rotos
que no puedo arreglar.
Bajo las manchas del tiempo,
los sentimientos desaparecen
Eres otra persona más,
y yo todavía sigo aquí

Sus manos, antes tan autosuficientes, comenzaban a dormirse y el hormigueo que sentía le distraia, pero echando los últimos restos de fuerza de voluntad que le quedaban se obligo a seguir tocando hasta el final.

“Si pudiera volver a empezar,
a un millón de millas lejos de aquí,
me cuidaría más,
encontraría la manera de hacerlo.”

La ultima nota se quedo en el aire, sonando sin nadie que la enmudeciese. Su cabeza comenzó a caer hacia delante al tiempo que la nada envolvía su mente. Los últimos sonidos que escucho, como si fueran a kilómetros de distancia, fue el golpe de su querida Culona contra el suelo y el Tap-Tap-Tap constante de las ultimas gotas cayendo contra la madera.

“Despierta, te vas a caer.” Oyo, a lo lejos. Alguien quería molestarle cuando por fin estaba tranquilo. “Venga, tenemos que llevarte.” Otra voz diferente también le llamaba. El se resistía, no quería ir a ninguna parte. Solo quería abrazar la nada en las que ahora estaba. “Obedece, levántate.”  Esta voz sono imperativa en su mente. Al contrario que las otras dos anteriores, que parecían femeninas, esta era sin lugar a dudas la voz de un hombre. Abrio levemente los ojos y vio  el suelo, rojo, su guitarra también del mismo color en las partes que había caído la sangre. Se apoyo en la mesa con la que su cabeza había topado y evitado que cayera al suelo. Se incorporo y miro a su alrededor buscando a los portadores de las voces que le habían traído de su descanso.

Sus ojos aun se negaban a enfocarse, o eso le pareció a el, ya que las tres figuras oscuras que había frente a el estaban borrosas. Dos de ellas las distinguió por sus formas y las curvas de, lo que parecían, sus cuerpos como las voces femeninas que le habían despertado. Tras una de ellas se movían unas formas blancas como si fueran un par de alas, aunque al moverse no las oia así que pensó que seria su imaginación. La otra era mas pequeña de altura, y lo mas que llego a distinguir fue el color rojo de sus labios y el verde de sus ojos que contrastaban notablemente respecto al resto de su negra forma. Pero la figura mas grande, que se mantenía en todo momento detrás de las dos mujeres, era la que mas le aterrorizaba. No podía distinguir nada en el, solo una gran mas oscura y un aura de cierta frialdad, que no maldad, y sabiduría que le hacia sentir como un ser impuro y pequeño.

-Tenemos que irnos, levántate.-Dijo otra vez la voz masculina aunque mas que escucharla la sintió en la mente.

-Dale un segundo, aun esta asimilando lo que esta pasando.-La voz le vino de la chica con alas.

-¿Quienes sois?¿Sois enfermeros?

-¿Tenemos pinta de enfermeros?-Dijo el hombre, con cierta sorna y tono despectivo.-Venimos a por ti y vendrás con nosotros quieras o no.

-¿A donde me lleváis si puede saberse?-Respondio mientras intentaba levantarse.

-Muestraselo.

La figura de ojos verdes se acerco a el y le puso las manos en la cara. imágenes de dolor, sufrimiento eterno y rabia sin fin se empezaron a formar en su cabeza. El olor a carne podrida, a restos quemados y a huesos antiguos le inundaron la nariz y la boca se le lleno al sabor de sus propias heces mezcladas con bilis y sangre. Cuando la figura le aparto la mano, su cara, estaba surcada por regueros de lagrimas y un pensamiento de puro arrepentimiento se alojo en su mente. La miro suplicando perdon. La de ojos verdes puso la boca junto a su oido y con una voz que evocaba deseo y lujuria le susurro “No llores aun. Se que no te gustan los preliminares, pero mejor sera ir despacio ¿no crees?” Acto seguido sentía algo duro y frío clavarse bajo su barbilla y tirar de su mandíbula como un anzuelo se engancha a la boca de un pez.

El incendio del edificio salio en las noticias y fue sonado durante días. En la casa donde comenzó no se encontró ningún resto humano, aunque todo parecía indicar que el detonante fue un cigarro caído en el sofa pero no entendían que si no había nadie como podía haber caído un cigarro encendido en una casa que estaba cerrada desde dentro. Nadie supo responder y la única respuesta que recibieron los investigadores no la podían creer. Por que tres figuras en mitad de la noche arrastrando por el suelo a otra mas que gritaba y pataleaba, y que solo vio una niña que despertó en mitad de la noche pensando que sus papas se habían ido, no era una respuesta que nadie pudiera creer.

Hurt – Johnny Cash

Acerca de El Bufón

Soy el fiel sirviente de mi señor. Un susurrador de historias, un observador de realidades algunas mas alegres y otras mas tristes. Bienvenidos a este pedazo de mi mente. Ver todas las entradas de El Bufón

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