Los monstruos ya no somos lo que eramos.

Pedro odiaba su trabajo, odiaba su casa, se odiaba a si mismo y, a excepción de sus padres, su familia le odiaba a él. Los tiempos habían cambiado y los suyos, bueno algunos de los que eran como el, se resistían a ese cambio. Toda ese sensación depresiva siempre venia a mediados de mes cuando miraba su cuenta en el banco y se daba cuenta que otro mes mas iba a tener que hacer malabarismos con el dinero para poder comer. A eso se sumaba que ya no recordaba cuando había estado con una mujer por ultima vez. Recordaba que en sus primeros años en la ciudad todo era juerga, fama y mujeres. Pero ser un monstruo ya no era la novedad, ahora ya no aterrorizaban y no eran mas que monos de feria. Ser un hombre-lobo en estos tiempos era una maldición en toda regla.

La jarra estaba a medio vaciar y Pedro la apuro de un trago. Era la cuarta de la noche y solo había conseguido coger el punto. Hasta tener un metabolismo superior que ayudaba a recuperarse de heridas de las que un humano normal no sobreviviría era un inconveniente cuando lo único que querías era emborracharte hasta vomitar. La cerveza no es que ayudara en ello, era floja y sabia como un calcetín sucio, pero era lo único que se podía permitir con su presupuesto.

-Tío, ponme otra jarra.- Le dijo al gigante de pelo largo que estaba detrás de la barra. Pedro siempre le llamaba tío, nunca se había molestado a preguntarle su nombre. Además creía que no podía ser humano ya que algo tan grande y feo tendría que ser alguna especie de troll, aunque no tenia noticias de que los trolls hubieran bajado de las montañas.

-¿Tienes dinero para pagar las cuatro que te has tomado hasta ahora?.- Contesto poniéndose frente a el y apoyando dos brazos tatuados grandes como dos pilares.

-¡Ey, tío! ¿Alguna vez te he dejado algo a deber?- El camarero sobredimensionado levanto una ceja como única respuesta. Pedro bufo y saco de la cartera tres billetes de 10. El gigante se lo quito de las manos y se marcho para traerle momentos después otra jarra de cerveza. Pedro se miro en el espejo que había tras la barra y se puso a si mismo una cara feroz pero lo que consiguió fue deprimirse aun mas.

-Sigue intentándolo Lo mismo consigues asustar a alguna viejecita.-Dijo una voz que vino a sus espaldas que reconoció al instante ya que en el espejo no se podía ver quien era.

-¿No tienes que afilarte hoy los colmillos, Etien?- Dijo al vampiro que se sentó a su lado.-En serio tío aun me sigo preguntando por que los tuyos os ponéis esos nombres tan cursis.

-Me dirás que Pedro es un nombre impresionante para un hombre-lobo.

-Por lo menos la gente no piensa que soy gay cuando me presento.

El camarero se acerco donde estaban y pregunto a Etien que quería de beber a lo que este contesto que nada para el.

-Esto no es un club social así que o pides algo o te marchas.

Etien saco los colmillos y con un siseo dijo al camarero: ¿Sabes que en otro tiempo te hubiera arrancado la cabeza por algo así?

-Me gustaría ver como lo intentas.-El supuesto humano, que sacaba dos cabezas a Etien, planto las manos encima de la barra y acerco la nariz hasta tocar la del vampiro. Durante un segundo, y solo uno, Pedro pensó que iban a terminar a golpes pero sabia que su amigo no era de los valientes así que se guardo los colmillos y se volvió a sentar. “Mejor para mi, es el único bar al que me dejan entrar.” Pensó cínicamente Pedro para sus adentros mientras daba otro trago a la cerveza.

-Que sea una copa de vino.

El camarero volvió con un vaso de tubo y un brik Se lo lleno hasta la mitad y se lo puso delante al vampiro. Pedro se aparto ya que el simple olor de ese mejunje rojizo le estaba irritando las fosas nasales.

-Bebe.-El gigante cruzo los brazos que parecieron agrandarse mas, si eso era posible, y espero a que Etien bebiera. Este dio un trago cortito y se le escapo una mueca de asco pero mantenía el liquido rojizo en la boca.

-Traga.-Con esfuerzo el vampiro trago y al instante su cara cambio de su palidez habitual a un verde enfermizo. Mantuvo el tipo unos segundos aguantando la mirada del camarero pero por mucho que quiso salio corriendo hacia el baño a vomitar lo que fuera se le habían obligado a beber y de paso su orgullo. El camarero río con suficiencia y siguió con sus quehaceres.

Cuando Etien regreso había recuperado parte de su color marmóreo y aun se estaba limpiando la boca. Pedro se había ido a una mesa mas por la preocupación de que obligaran a su amigo a beber otra vez.

-¡Anda que me has ayudado un poco!

-¿Yo? Si hubieras mantenido tus colmillos en su sitio no te hubiera pasado nada. Valiente.- Se le escapo una pequeña risilla maliciosa entre los dientes.

-Si tu te hubieras puesto de mi parte habríamos puesto en su lugar a ese… a ese… ¿que narices es?

-Yo creo que un troll pero ya que eres tan machote ves a preguntárselo tu.-Esta vez se río sin contenerse.

-Muy gracioso, perro.-Le dijo Etien al mismo tiempo que le quitaba la jarra de cerveza y pegaba un trago.- Por lo menos a mi no me humillan los niños en sus cumpleaños. ¿Que tal trabajando de payaso o era de monstruo de feria?

-Soy Friky, el payaso monstruoso y por lo menos soy libre de trabajar como quiera. ¿A ti como te va de testeador de sangre?¿Aun llevas la correa o ya se fían de ti y te dejan suelto?

-¡Ey, yo por lo menos ayudo a la gente!

Los dos se miraron por un momento y empezaron a reír a carcajadas. Pedro cogió la jarra, bebió y se la paso a su amigo.

-Para lo que hemos quedado.-Dijo mirando al infinito.

-Ya te digo.-Respondió Etien.

Habían pasado varias horas y unas diez jarras de cerveza floja mas. Los dos paseaban por las calles, borrachos como cubas y haciendo eses. Torcieron por callejón por que Etien decía que sabia un atajo para volver a volver a casa.

-Peeeeeroo tu que vashh a saberrr.

-Tu hazzme caso que yo sse lo que diggo. Y esspera un ssegundo que voy a meeaar.

-¿Pero tu meass? Ssseguro que tieenes la polla rrretractil también

-Preeguntasselo a tu madrre.

-Eres zooofilico. Te foolllaste a una perrraa.

Entre las risas y la borrachera no se dieron cuenta de que por el otro lado del callejón entraban un grupo de siete tipos con aspecto neo nazi Iban armados con bates y cadenas. Se acercaban a ellos y no se dieron cuenta de que estaba alli hasta que les habían rodeado.

-¡Eh, monstruos!-Dijo el mas bajito de todos con una voz de pito.-Los de vuestra clase no son bien recibidos en esta ciudad.-El tipo llevaba una esvástica tatuada en la frente, a lo Charles Manson, y una camiseta que rezaba “Fuerza Humana”.

-Venga coño, y me lo viene a decir un gnomo. No te digo.-Dijo Pedro encarandose con el tipo. Como respuesta recibió un batazo en la cabeza que lo tiro al suelo. Escucho al tipo decir “Ahora aprenderás a respetar a tus amos, perro.” Lo siguiente fue sentir golpes de botas con puntas de acero y mas bates golpearle en las costillas. Se hizo un ovillo intentando protegerse con los brazos la cabeza.

Segundos antes de perder la consciencia su mente se refugio en la imagen de los bosques donde nació, corriendo libremente y aullando libre a la luna. Y un pensamiento paso por su mente segundos antes de volverse todo negro “¿Por que cojones no me quede en casa?”

Johnny Cash – Personal Jesus

Acerca de El Bufón

Soy el fiel sirviente de mi señor. Un susurrador de historias, un observador de realidades algunas mas alegres y otras mas tristes. Bienvenidos a este pedazo de mi mente. Ver todas las entradas de El Bufón

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