Ojalá fuera diferente

Su piel era cálida, suave, su olor era increíble. Siempre se había maravillado ante ese aspecto de las mujeres, los seres mas poderosos de la divinidad se cubrían con una envoltura tan delicada y deliciosa. Recorría su piel con los dedos lentamente, milímetro a milímetro, como si quisiera conocer cada átomo de su ser o buscase un hueco por donde adentrarse dentro ella y desvelar los secretos que guardaba. Llego a su ingle y ella abrió solo un poco sus piernas al mismo tiempo que emitía un suspiro. Raúl no pudo evitar sonreír.

Estaban tumbados uno junto al otro en la cama. La había conocido esa misma noche en un bar. No recordaba su nombre, era algo con A creía recordar. Habían hablado, se habían reído y habían bebido. Tras las risas vinieron las caricias, después los besos y terminaron en casa de ella. El primero fue algo salvaje, animal, mas hambre y necesidad que otra cosa. En el segundo quería saborearlo todo y deseaba que su acompañante de esa noche se sintiera la reina del mundo, que se sintiera la mujer mas deseada del mundo. De eso se trataba en realidad. De poder mostrar cariño por alguien, de la forma que mejor lo sabia hacer y de la única que a lo largo de los años no le había traído dolor.

Con la punta de los dedos siguió paseando por su piel. Jugó con su ombligo, se entretuvo pellizcando sus pezones sorprendiéndose por su dureza y delicadeza al mismo tiempo. Termino su viaje por valles y colinas en su boca, acariciando sus sonrosados labios y deleitándose con el rubor de sus mejillas. Ella decidió formar parte del juego y abrió la boca para meter dentro a ese viajero dactilar. Lo lamia, lo chupaba imaginándose que era el miembro duro y firme que momentos antes le había dado tanto placer. El se puso encima de ella y fue bajando hacia su entrepierna procurando no quitarla el caramelo que disfrutaba con tanto gusto. Su lengua empezó a saborear esos otros labios que antes no había llegado a besar y se alegro de no haberlo hecho. Se le llenaba la boca con el sabor del deseo de ella convertido en un liquido espeso que fluía desde su interior. Lo hacia con calma, como el manjar que era. Saboreaba cada trago, cada lamida. Ella gemía, decía palabras sin sentido y peticiones de que no parara, incluso amenazas de que si lo hacia lo mataría El no escuchaba lo que decía, tan concentrado estaba en su tarea. De vez en cuando levantaba la cabeza y la veía morderse los labios y mover la cabeza hacia los lados como si estuviera poseída. Ella le cogió del pelo y comenzó a empujarlo hacia su pubis, empezó a respirar cada vez mas rápido hasta que exploto en gritos y gemidos.

La dio unos segundos para que se calmase, pero ella no quería paz y se lo hizo saber con toda claridad.

-Te quiero dentro ahora, ya.

Le cogió la cabeza y lo atrajo hacia si. Le beso con ansia, como si llevara esperando milenios por esa boca y mientras lo hacia el se metió dentro de ella. Empezó con un ritmo lento, calmado, besándola, enredando su lengua con la de ella. Ella le abrazaba y le arañaba, por su cabeza lo único que pasaba era el deseo de sentirle cada vez mas dentro, así que le cogía de las nalgas apretándole para que profundizara mas y mas fuerte. Sentía a Raúl dentro duro y firme, le encantaba sentirle ahí y quiso que no acabase nunca, que durase para siempre. No podía dejarle escapar. El empezó a aumentar el ritmo y la violencia de sus embestidas, jadeaba, gruñía. Ella le cogió de la cabeza y le puse frente a su cara.

-Venga, venga, hazlo, hazlo dentro, quiero sentirlo.

El no se paro a pensar que lo que le pedía no era lo mas adecuado, pero la adrenalina y la excitación no le dejaban razonar así que fue mas rápido y mas fuerte sin desviar la mirada de ella, quería darle todo cuanto quisiera. Cuando exploto grito con todas sus fuerzas, ella sintió los espasmos en su interior y lo abrazo y lo beso con todas sus fuerzas. Se quedaron unidos hasta que se durmieron mientras la noche paso y la mañana saludo con otro nuevo día.

Cuando ella se despertó Raúl estaba sentado en la cama terminando de vestirse. Ella se levanto y le abrazo por la espalda.

-Buenos días- Raúl se levanto zafándose de ella como si no se hubiera dado cuenta de que ella existía.

-¿Ya te marchas?-Insistió algo decepcionada por el desprecio que le mostraba.

-Si, tengo que irme.

-¿Cuando te volveré a ver? Por que volveremos a vernos, ¿verdad?- A Raúl tanta insistencia empezaba a molestarle. Se giro hacia ella y la sonrío con condescendencia.

-No se, tengo tu numero. Te llamare, te lo prometo.- Y con las mismas se marcho.

La ciudad había amanecido fría. Era domingo y las calles aun estaban vacías. Raúl pensaba en como se había vuelto en un desgraciado. Con cada amante se perdía un poco mas, conseguía lo que quería de ellas bajo el propio engaño de que era algo mutuo. El conseguía su pizca de cariño y ellas quedaban satisfechas y felices. Nadie sufría, o al menos a el no le importaba. Hasta ahora no le importaba. Con A, así había guardado su numero en la agenda, era diferente. No sabia si fue el dormir con ella, la entrega que había mostrado, el olor de su piel, su forma de ser. No parecía nada especial pero algo había. Sonrío con la idea de volver a verla, quizá esta vez fuera diferente. Tenia ganas de que fuera diferente. Aunque si no lo era, pensaba disfrutar tanto como pudiera; pero ojala fuera diferente.

Acerca de El Bufón

Soy el fiel sirviente de mi señor. Un susurrador de historias, un observador de realidades algunas mas alegres y otras mas tristes. Bienvenidos a este pedazo de mi mente. Ver todas las entradas de El Bufón

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