Pesadilla

Nunca hubiera imaginado que la muerte fuera así. Un mar negro de nada, o quizás esto es el purgatorio y estoy esperando mi turno para ser juzgado. Durante todo el tiempo que llevo aquí he estado repitiendo mentalmente mis últimos minutos de vida para intenta entender como paso todo y que fue lo que me mato.

Sonó el despertador. Eran las 5.30. Estaba de turno de mañana y tenia que irme en media hora pero aun así remolonee un rato en la cama abrazado a mi chica. Cuando me levante me fui directo a la ducha, me vestí, cogí mis cosas y salí por la puerta. En el rellano estaba oscura y por un momento en las sombras me pareció ver movrese algo pero cuando encendí la luz no vi nada en las escaleras así que tampoco le di mayor importancia. “Mierda, el móvil”, me lo había dejado en la habitación así que entre corriendo sin cerrar la puerta ni encender las luces de casa. Entre al cuarto sin hacer ruido, cogí el móvil, di un ultimo beso a mi chica y volví a salir al comedor. Y ahí fue cuando lo vi.

Donde estaba no tenia ningún interruptor cerca así que el móvil de linterna y cuando lo encendí iluminaron delante de mí un par de piernas desnudas que estaban junto a la puerta de la calle. Le ilumine mas arriba para verle la cara y vi un chico mas o menos de mi edad, estaba totalmente desnudo y la luz del móvil hacia que su piel tuviera un aspecto inhumano, como si fuera de mármol. Pero lo que me asusto mas fue su cara, la inexpresividad que tenia en ella daba la sensación que llevara una mascara pero algo dentro de mi sabia que no era así, esa era su propia cara. Sus ojos sin iris, negros como un pozo ayudaban a esa imagen de irrealidad. Giro su cabeza como si le extrañara que estuviera allí y sin darme tiempo se abalanzo sobre mí dándome un golpe que me hizo volar por los aires atravesando la puerta y estrellándome con la pared de la habitación.

Todo se volvió negro y deje de sentir mi cuerpo pero aun oía lo que pasaba a mí alrededor como si fuera una tortura para lo que iba a venir. Noe, mi amor mi vida, se despertó asustada “¡¡¿¿Andrés??!!”. Le oi acercarse a ella que empezó a gritar de terror al verle. Solo fueron dos golpes. Con el primero escuche el sonido de huesos, el segundo fue mas un chapoteo, como darle un puñetazo a una sandia aplastada. Lo siguiente fueron sus pasos marchándose, calmados, sin prisa, con la misma frialdad que demostraba su cara; y después… nada.

Desde que me encuentro en este estado no he dejado de preguntarme lo mismo una y otra vez ¿Por qué?…
¿Por qué nosotros? ¿Qué le habíamos hecho?…
¿Quién era o que era?…
¿Por qué no termino de despertarme de esta pesadilla?

Durante muchos años este personaje nos ha acechado y atacado de la misma manera en nuestros sueños. Esperamos que hablando al mundo de él decida visitar a otros dándonos paz… al menos a nosotros.

Acerca de El Bufón

Soy el fiel sirviente de mi señor. Un susurrador de historias, un observador de realidades algunas mas alegres y otras mas tristes. Bienvenidos a este pedazo de mi mente. Ver todas las entradas de El Bufón

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