Los ojos

Hay momentos en la vida en los que te sorprendes a ti mismo con las cosas que haces. Son momentos que parece como si algo dentro de ti se despertara, como si fuera otra persona que es distinta a ti y te descubriera una parte nueva de ti.

Cuando vuelvo del trabajo siempre veo a la misma gente en el metro, los obreros contándose sus cosas riendo escandaloosamente, otras personas que vuelven de las oficinas, estudiantes. Llega un momento en el que ya reconoces sus caras y entre todas esas caras que ya reconozco de forma familiar siempre hay unos ojos mirándome, aunque mejor sera empezar todo desde el principio.

Como todos los días yo volvía en el metro de regreso a casa, leyendo un libro que me presto una amiga y de repente note como si me observaran, no sabia de donde venia esa mirada pero no dejaba de sentir unos ojos clavados en mi. Busque ansiosa por todo el vagón y los encontré, eran unos ojos marrones tras unas gafas que me miraban desnudandome pero no conseguía ver a quien pertenecían. Yo miraba hacia otro lado o intentaba centrarme en la lectura pero no podía, sentía esa mirada haciéndome sentir sucia. Durante todo el viaje me sentí incomoda hasta que llegue a mi parada y me baje corriendo.

Esto se repetía día tras día hasta que un día volviendo a casa le heche valor y me le quede mirando fijamente pero el seguía mirándome igual como invitándome a algo. Pensé en enfrentarme a el pero cuando iva hacia donde estaba, el tren paro y se empezó a bajar la gente, le perdí de vista y ya no pude encontrarle, me sentí frustrada. Salí del metro pensando en esos ojos y decidida a enfrentarme a el en la próxima ocasión. Ciertamente la frustración duro poco pues ese mismo día iva a recoger mi cámara nueva, llegue a casa muy contenta y no pare en toda la tarde de estar grabando a mi familia y todo aquello que me pasaba.

Esa noche tuve un sueño muy extraño, estaba desnuda en una habitación totalmente oscura y solo veía ojos que me miraban, ojos marrones tras unas gafas que me miraban con lujuria. Al principio mi sentimiento fue de miedo, me acurrucaba en el suelo intentando esconderme pero poco a el miedo se fue tornando a una sensación de calor y excitación, empezaba a tocarme, miraba esos ojos con la misma lujuria que me miraban invitándoles a disfrutar de mi, de mi desnudez y mi intimidad.Me desperté sofocada, me costaba respirar y lo que termino por dejarme en estado de shock fue comprobar que mi sexo estaba húmedo y yo me sentía realmente excitada. Me fui al baño a refrescarme la cara intentando calmarme pues me sentía fatal, no entendía como podía haberme sentido así. Cuando conseguí calmarme me volví a acostar y el sueño esa noche no se repitió.

Pero pasaban los días y las miradas en el tren ya no me molestaban tanto, de hecho empezaba a buscarlas, necesitaba esos ojos mirándome y desnudándome. Los sueños cada vez eran mas vividos, ya no me sentía asustada de hecho a esos miles de ojos que me miraban intentaba enseñarles todo mi cuerpo, tenia orgasmos en sueños como no los he tenido en mi vida. Hasta que una noche hice los sueños realidad.

Me desperté como otras tantas noches totalmente excitada y lo primero que vi fue mi cámara de vídeo. Sin pensarlo dos veces la puse sobre mi escritorio y la enfoque hacia mi cama, encendí la lampara que hay sobre mi mesilla y comencé a grabar. Me imaginaba que la cámara eran esos ojos escrutadores así que poco a poco me empecé a quitar la ropa con la que dormía, primero la camiseta y luego los pantalones. En todo momento miraba la cámara con una mirada totalmente lasciva imaginándome que al otro lado estaba mi eterno Voyeur. Me quede desnuda y empecé a acariciar mi cuerpo, muy poco a poco, quería que mi observador disfrutara tanto como yo lo estaba haciendo acariciando mi piel. Estrujaba mis pechos y pellizque mis pezones mientras miraba a la cámara y mordía mi labio intentando aguantar los gemidos que se escapaban de mi boca. Seguí poco a poco hacia mi ombligo, mis piernas, mi culo; ponía las mejores posturas que hicieran que el ojo de la cámara captara toda mi desnudez. Llegue a mi sexo, pero antes me pare y volví a mirar a la cámara imaginando unos ojos que me daban el visto bueno para que siguiera y, aunque sorprendida de lo que estaba haciendo, no lo dude.

Poco a poco, empecé a acariciar mi sexo que a estas alturas ya estaba empapado, lo hacia muy despacio, empezando por mi clítoris, despues lentamente acariciando y reconociendo cada parte de mi vulva, tuve que coger mi camiseta y morderla para amortiguar los gemidos. Cuando ya llevaba un rato así empecé a introducir dedos en mi sexo y el ritmo de mi masturbación fue cada vez mas rápido. Cerré los ojos y solo podía ver unos ojos mirándome, me sentía observada y eso me excitaba, quería que mi observador se sintiera tan excitado como yo, quería ser su espectáculo privado y que compartiera conmigo la intimidad de mi orgasmo. Fue aumentando la velocidad de mis dedos hasta un limite que ya no pude soportarlo y estalle como una loca. Sentía un placer enorme, todo mi cuerpo se estiro y se contrajo por el placer que me recorría, fue el orgasmo mas brutal que he tenido en mi vida.

Al día siguiente mi madre me pregunto si había tenido pesadillas por que me había oído gritar y yo tuve que aguantarme la risa. La explique que había tenido una mala noche pero que no se preocupara. Cuando llegue al metro y monte en el tren volví a sentir esos ojos que me miraban, pero esta vez los mire invitándole a que no dejara de hacerlo y a que disfrutara del espectáculo.

Acerca de El Bufón

Soy el fiel sirviente de mi señor. Un susurrador de historias, un observador de realidades algunas mas alegres y otras mas tristes. Bienvenidos a este pedazo de mi mente. Ver todas las entradas de El Bufón

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